3 de agosto de 2023

¿Te importaría regarme las plantas?

Me contaba un amigo que había oído o leído este curioso símil de carácter político: que Feijóo le pida a Sánchez que se eche a un lado y lo deje gobernar es como si alguien le pidiera al vecino de al lado, con quien se ha pasado el año discutiendo a voz en grito e insultándole constantemente, que si no le importaría regar sus plantas mientras está fuera por vacaciones. El presidente del PP parece no haber entendido el resultado de las urnas, que le ha quitado cualquier posibilidad de gobernar. Es cierto que su lista ha sido la más votada, pero no lo es menos que en una democracia parlamentaria gobierna quien cuenta con los apoyos necesarios en el parlamento.

Si las elecciones del 23 J han resultado una de las más emocionantes desde que se restableció la democracia en España, el periodo de negociaciones que se acaba de abrir promete ser de los más complejos y por tanto reñidos de los últimos años. Sánchez parece estar muy confiado, pero lo cierto es que nadie se lo va a poner fácil. Es verdad que cuenta con la gran ventaja de que la mayoría de los partidos con los que tiene que pactar no tiene la menor duda de que con el PSOE estarán siempre mejor que con el PP. Sin embargo las claves de sus políticas locales los obliga a sacar los dientes y a gruñir.

Con Sumar no tendrá ningún problema. Una de las habilidades de Sánchez ha sido no ocultar durante la campaña electoral que tenía intención de repetir gobierno de coalición progresista. Por tanto, quienes  han votado a estos dos partidos lo han hecho sabiendo que esto sucedería. Nadie duda por tanto que el presidente en funciones cuenta para su investidura con estos 31 votos.

Bildu, en cuyo lenguaje en los últimos días se observa una cierta modulación constructiva, ha dicho que por ellos Sánchez no se quedará sin gobernar. Pondrán condiciones, apretarán las tuercas y se mostrarán reticentes, pero parece que apoyarán la investidura. Además, teniendo en cuenta que ya lo hicieron en la legislatura anterior y que no se produjo ninguna ruptura de la unidad de España como gritaban y gritan los conservadores, las críticas dentro del PSOE serán muy matizadas.

Esquerra, que también exige contrapartidas, ha incluido entre ellas algunas de carácter práctico, como por ejemplo la necesaria mejora de las infraestructuras. Que no olvide a la hora de las reivindicaciones las que se derivan de su condición de partido nacionalista no tiene nada de particular, porque su electorado no se lo perdonaría. Pero, desde mi punto de vista, hay muchos asuntos que tratar, lo que significa que muy posiblemente Sánchez contará con su apoyo.

El PNV no ha podido ser más claro. Andoni Ortuzar, su presidente, un hombre práctico donde los haya, aunque proclame que no le van a regalar a Sánchez la legislatura, está dando con su negativa a dialogar con el PP suficientes pruebas de cuál va a se su posición. Habrá negociaciones, se tensará la cuerda, pero estoy convencido de que apoyarán la investidura.

Los nacionalistas gallegos ya han dicho sin disimulos que apoyan. Coalición Canaria no quiere contaminarse con la proximidad a una extrema derecha contraria a la existencia de las comunidades autónomas, por lo que o apoya a Sánchez o se abstiene.

Nos queda Junts per Catalunya, un hueso duro de roer, pero no imposible. Puigdemont sabe perfectamente que si no facilita la investidura puede dar lugar a la repetición de elecciones y, por consiguiente que los nuevos resultados no le favorezcan. Además, Artur Mas ha advertido a los suyos que no es lo mismo exigir que ser intransigente. En mi opinión, Sánchez ha dado sobradas pruebas de que sabe manejar situaciones como ésta, por lo que no veo imposible que consiga el apoyo de la derecha separatista catalana.

Vistas las cosas así, ¿cómo se atreve Feijóo a pedirle a Sánchez, después de lo que ha caído durante la anterior legislatura, que le riegue las macetas del balcón? ¿Cómo se le ocurre semejante disparate?

 

29 de julio de 2023

¿Qué es eso de negociar?

 


La palabra negociar significa tratar un asunto entre dos partes o más que difieren sobre sus posibles soluciones, para de esa forma llegar a un acuerdo que satisfaga a unos y a otros. Una negociación, para que se le pueda aplicar el calificativo de satisfactoria, requiere que todos los negociadores salgan beneficiados en algo, aunque no sea en la totalidad de lo tratado. Se trata de un verbo que yo he conjugado a lo largo de mi vida profesional con bastante frecuencia, porque el mundo comercial en el que me moví durante muchos años requería conocer muy bien el arte de llegar a acuerdos. Por eso sé lo que significa lo que ahora llaman líneas rojas, que no son otra cosa que exigencias que no se pueden en ningún caso aceptar. Llegar a un acuerdo sin vulnerar el marco legal no siempre es fácil, pero un buen negociador debe saber cómo conseguirlo sin traspasar sus límites.

Dicho lo anterior, Pedro Sánchez se encuentra ante una difícil situación, en la que se va a poner a prueba su capacidad negociadora. Los posibles acuerdos que establezca con las distintas partes con las que tiene que negociar para que apoyen su investidura nunca podrán sobrepasar los límites de la legalidad vigente, es decir los que marca la Constitución.  Pero es que, además, como algunos de los interlocutores sí han traspasado en alguna ocasión esas fronteras, y como consecuencia han sido condenados por los tribunales de justicia, está obligado a la máxima cautela, no vaya a ser que los acuerdos a los que llegue sean interpretados como avales a su inocencia.

No lo tiene fácil. Sin embargo, eso no significa que no disponga de margen de actuación, porque en política el terreno de juego es muy extenso. Sus interlocutores conocen tanto la existencia de líneas rojas insalvables como la amplitud de la cancha, por lo que es fácil suponer que se ciñan a la realidad y no pidan imposibles. Otra cosa será lo que digan fuera de la negociación, porque detrás de un político hay siempre unas bases de seguidores exigentes que piden lo imposible.

Supongo que las negociaciones ya se han iniciado y que por tanto todos los actores en escena conocen perfectamente a estas alturas las reglas del juego que están jugando. Todos habrán empezado con exigencias de máximos y todos sabrán perfectamente hasta dónde pueden llegar. Por tanto, aquí lo único que cabe es esperar a ver los resultados y mientras tanto no interpretar al pie de la letra lo que se vaya diciendo, porque en ocasiones airear discrepancias insalvables forma parte de la negociación.

No creo que ninguna de las partes vaya a romper la baraja antes de repartir las cartas. Todos sin excepción se juegan mucho, porque, aunque los resultados de las elecciones no les hayan favorecido tanto como hubieran querido, la alternativa de una repetición de elecciones podría colocarlos en peor posición. Esta etapa, desde un punto de vista electoral, en principio ya se ha decidido, porque la ciudadanía ha votado. Lo sensato es obtener los mejores réditos políticos posibles y mirar hacia adelante.

Ahora bien, la política no es una ciencia exacta, entre otras cosas porque las variables son tantas y tan mutables que en ocasiones lo razonable se trasforma en dislate. Las espadas seguirán en alto hasta que terminen estas difíciles negociaciones, en las que se van a poner a prueba las capacidades negociadoras de unos cuantos líderes políticos.

25 de julio de 2023

Pero, hombre, ¿qué les ha pasado?

 

Recuerdo un episodio de Gila, allá por los años sesenta, en el que, tras el fracaso en el lanzamiento desde Cabo Cañaveral de un satélite artificial, el humorista llamaba a la NASA con tono compungido y preguntaba: “pero, hombre, ¿qué les ha pasado?”. Si don Miguel viviera ahora, llamaría a Génova y preguntaría lo mismo.

La sensatez se ha impuesto y el tándem ultraconservador no ha ganado las elecciones. El PP, aunque haya sido la lista más votada, no cuenta con apoyos suficientes para que su presidente pueda formar gobierno, lo que significa que no ha ganado las elecciones. Vox, después de una señalada derrota, con unos resultados muy alejados de sus expectativas, ha iniciado el que podría ser su declive definitivo. El PSOE ha superado sus posiciones parlamentarias, con una indiscutible remontada. Sumar, que se estrenaba como fuerza política, ha obtenido un resultado que le permite aspirar a seguir formando parte de una coalición progresista.

Tengo la sensación de que hemos asistido a la campaña política más canalla de la historia de la democracia española, en la que por no faltar no ha faltado ni la manipulación de las encuestas por parte de los conservadores, que hasta última hora estuvieron otorgando una indiscutible victoria al PP. Curiosamente, el que más se ha acercado a los resultados ha sido el denostado señor Tezanos. 

Las mentiras han sido muchas y variadas, porque Feijóo no se ha privado de falsear cifras y realidades desde que se inició la campaña. Por su parte, Abascal no ha bajado el tono de las reivindicaciones involucionistas ni un instante, convencido de que en España son muchos los que quieren volver a tiempos ya superados. Al primero se le ha visto el plumero del engaño y el segundo no ha pronunciado ni una sola palabra que no sonara a música ultramontana.

Feijóo se ha equivocado de lado a lado. Sus mentiras eran tan burdas que no ha requerido demasiado esfuerzo desmantelarlas. Su negativa a no debatir en la televisión pública no ha gustado, porque suena a escurrir el bulto por miedo. Además, ese pasado de amigo de los narcotraficantes ha planeado sobre su imagen de forma insistente, una lacra que lo perseguirá a partir de ahora. Lo curioso es que ni siquiera lo niega, aunque para edulcorar la realidad califica a sus amigos de contrabandistas, como si ese título fuera digno.

El PSOE tiene ahora un líder indiscutible, porque Sánchez una vez más ha capeado la campaña de acoso y derribo de manera brillante. Reconocer que se había equivocado al no advertir a tiempo la envergadura de la bola de nieve que se iba formando contra su imagen ha tenido dos virtudes, la de que sean muchos los que han abierto los ojos con él y la de corregir a tiempo su imagen de lejanía. Ha sabido acercarse a la gente con llaneza y ha empezado a trasmitir la sensación de que sabe perfectamente lo que está haciendo.

Los analistas políticos independientes creen que Pedro Sánchez volverá a repetir legislatura. Lo tiene muy difícil, porque necesita alianzas muy belicosas que no le van a regalar su apoyo. Pero, como certeramente dice Zapatero, eso es política, negociar y negociar.

Sobre esto último reflexionaré en otro artículo.