24 de septiembre de 2026

Violencia, chulería y desprecio

 

La diputada de la pimienta, el diputado del puro, el periodista faltón, el alcalde encubridor de agresores, los asaltantes de coches para linchar a sus ocupantes, todos ellos forman parte de este esperpento nacional en el que la derecha de nuestro país está convirtiendo la política. Si no fuera porque detrás de todo esto hay un apoyo soterrado al uso de la violencia, yo diría que se comportan como niños, cuando con su comportamiento deberían estar dando ejemplo de civismo a la sociedad.

Estamos llegando a unos niveles de desfachatez que dan miedo. Se empieza con los insultos, se continúa con el ninguneo y se acaba con la violencia. Mienten, crean bulos, fomentan la desconfianza en las instituciones y terminan convirtiéndose en auténticos antisistemas. Desprecian al adversario, se oponen a colaborar en los asuntos de estado y concluyen acusando al gobierno de dictatorial.

La desconfianza en los jueces está en boca de los ciudadanos. Esta oposición desde sus centros de influencia ha ensuciado de tal forma determinadas actuaciones judiciales, que ha dado lugar a que se cree un clima de desconfianza en la justicia muy poco apropiado para la convivencia ciudadana. De la misma manera, crece cada día la sensación de que la policía no actúa con la misma contundencia en unos casos o en otros. En definitiva, estamos inmersos en un clima muy poco favorecedor de la convivencia que caracteriza a los países civilizados.

Lo peor de todo esto es que este giro a la desafección se ha producido en los últimos años, cuando estas derechas de ahora, las representadas por el PP y Vox, se han dado cuenta de que o promueven una política de acoso y derribo o vuelven a perder las elecciones. No se sienten seguros y deben de haber llegado a la conclusión de que si no agitan a la ciudadanía se quedan otra vez a dos velas.

A veces el cinismo llega a extremos inconcebibles. Ayuso, por ejemplo, dice que la víctima del caso del desahucio de Maricarmen está siendo ella. No se da cuenta de que, ante una indignación ciudadana bastante generalizada, no se puede quitar de en medio como si las cosas no le afectaran. Por un lado, aplaude a los inversionistas inmobiliarios que acuden a una de esas ferias que a ella tanto le gusta promover. Por otro hace oídos sordos a la situación de los desahuciados por esos fondos. Bonita manera de enfrentarse a lo que sin duda es un problema, el de la vivienda.

Lo malo de este clima de violencia, chulería y desprecio que están creando es que prevalecerá en el tiempo, sea cual sea el gobierno que surja de las próximas elecciones. Han creado una bestia muy difícil de domar, una bestia con la que pretenden derribar al actual gobierno, porque no encuentran otra forma para conseguirlo, sin darse cuenta de que es muy probable que en algún momento se vuelva contra ellos. Una ciudadanía que se acostumbra a que se muestren en el Congreso atomizadores de pimienta, a que la misma que ha intentado hacerse con un ático de lujo se haga la víctima del desahucio de una pensionista de 87 años y a que el alcalde de su ciudad justifique la violencia callejera, está recibiendo muy malas enseñanzas.

4 comentarios:

  1. Aún aceptando que haya muchas cosas criticables en la actuación del gobierno, no es menos cierto que el comportamiento de la oposición no merece mas que repulsa y desprecio. Es normal que quieran llegar al poder, pero eso no debe conseguirse de cualquier forma. La chulería de Ayuso, lo del gas pimienta de Ana Nosecuantos, los insultos de Tellado, por ejemplo, no hacen mas que crispar mas un ambiente que ya lo está bastante.

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    1. Gracias, Alfredo.. La crítica al gobierno en aquellas actuaciones que no gusten no sólo es aceptable, sino imprescindible para el buen funcionamiento de un sistema democrático. Pero la política de acoso y derribo es tercermundista.

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  2. Me preocupa esa manera de hacer oposición basada cada vez más en la provocación, los insultos, la descalificación y el enfrentamiento permanente. Me parece que puede acabar incitando a conductas violentas. Y cuando determinadas actitudes empiezan a normalizarse, especialmente las que tienen que ver con la violencia o con el desprecio al contrario, creo que pueden acabar teniendo consecuencias bastante poco deseables en la sociedad.
    Luego cada caso concreto tendrá sus circunstancias y habrá que conocerlas antes de juzgarlas. Pero esa deriva general que señalas me parece preocupante.

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    1. Muy preocupante. El cántaro de tanto ir a la fuente se rompió y cuando vino el lobo se comió a las ovejas. Así está esta oposición poniendo al país.

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