14 de julio de 2023

El debate de las mentiras

 

Curioso debate el que pudimos ver los españoles el pasado día 11 de julio entre Sánchez y Feijóo. Curioso y desconcertante, porque desde el inicio se pudo comprobar que el líder de la oposición llegaba a los estudios de televisión con la estrategia aprendida de acosar a su oponente a base de falsedades. Sus asesores le habían aconsejado que mintiera, que  no diera lugar a la réplica y que sacara de sus casillas a su contrincante, porque si intentaba jugar limpio perdería. Por el contrario, cuando su rival se diera cuenta de que había elegido esa estrategia le interrumpiría. Tu sigue como si no lo oyeras -debieron de añadir- y terminará poniéndose nervioso, porque sus resortes dialécticos no están entrenados para ese escenario. Sánchez cayó en la trampa. Preparado como está para debatir ideas, los golpes bajos lo descentraron, permitiendo que diera una imagen de perturbación que planeó sobre el debate hasta el final.

Empiezo diciendo esto, porque las impresiones iniciales, cuando se ha creado una gran expectación como la que existía por este debate, suelen quedar tan fijas en la retentiva de quien las percibe, que luego, cuando el desconcertado consigue enderezar el rumbo, siguen revoloteando sobre la impresión de los telespectadores. Porque Sánchez se recuperó y contraatacó con contundencia, ante lo cual Feijoo respondía con más de lo mismo. No contestaba las preguntas, daba datos falsos y de vez en vez sacaba a relucir los viejos fantasmas del terrorismo. Utilizar a Miguel Ángel Blanco 26 años después de su asesinato es un golpe, ya no sucio, sino a mi juicio indigno de un político que pretende ser presidente del gobierno de España.

De las acusaciones de pactos ignominiosos con la ultraderecha ni contestó, como si no fueran con él. Cuando Sánchez le preguntó si contaría con Abascal para formar gobierno, dijo que no metería a ningún ministro de Vox si conseguía una mayoría suficiente. Blanco y en botella, pero a la gallega. Creo que no habrá nadie que haya visto el debate que ya no esté seguro de que el líder de la ultraderecha será el próximo vicepresidente si Feijóo consigue gobernar. Eso ha quedado claro, aunque don Alberto crea que ha eludido el golpe.

Los datos económicos, en los que no voy a entrar para no aburrir, fueron una sarta de embustes. En mi opinión han abierto la caja de Pandora, porque la estela del debate, es decir los comentarios periodísticos, los debates televisivos y los mítines que quedan por celebrarse en los días que faltan hasta las elecciones ofrecen una magnífica ocasión para desgranar las mentiras y falsedades. Nadia Calviño ya ha empezado, y supongo que no cesará hasta dejar al candidato en absoluta evidencia, hasta desenmascarar sus falsedades y falsificaciones.

No niego que el debate le haya hecho daño a Pedro Sánchez. Pero sí la mayor, es decir que después del debate las tornas hayan cambiado. Los seguidores incondicionales del PP y de Vox se sentirán más a gusto, sin duda. Pero esa franja de votantes moderados, a los que les horroriza la posible llegada de la ultraderecha al gobierno de la nación, han tenido una buena oportunidad de ver en vivo y en directo los manejos tramposos del señor Feijóo.

Las espadas, por consiguiente, siguen en alto.

10 de julio de 2023

No se puede estar en misa y repicando

Decía yo el otro día, a propósito de un comentario en este blog, que la izquierda española debería hacer una profunda reflexión sobre las causas que han justificado la severa derrota que sufrió en las pasadas elecciones municipales y autonómicas. Desde mi punto de vista algunas son tan evidentes que cuesta trabajo pensar que no se vayan a corregir. Pero como a veces la torpeza política es reincidente, me preocuparía que lloviera sobre mojado, en cuyo caso, como dicen los castizos, apaga y vámonos.

La primera de todas las causas y quizá la más importante ha sido la pésima información que el gobierno ha trasmitido a la ciudadanía a lo largo de la legislatura, permitiendo, entre otras cosas, que la bola de nieve de la presión mediática de la derecha y de la ultraderecha fuera creciendo sin control hostigada por el dinero de las oligarquías. Pedro Sánchez lo ha reconocido, justificando el craso error en que no era consciente de lo que estaba sucediendo. Yo le creo, porque la realidad demuestra que en ocasiones él y sus portavoces parecían ajenos al deterioro de imagen que estaba sufriendo Que lo reconozca ahora sugiere que está dispuesto a cambiar de estrategia informativa, pero debería apartar de su lado a alguno de sus consejeros en asuntos de comunicación. De hecho, algo empieza a notarse.

La segunda, desde mi punto de vista, el comportamiento de su socio de gobierno, Podemos, a cuyos dirigentes habría que haberles recordado que no se puede estar en misa y repicando. No es posible formar parte de un ejecutivo y estar al mismo tiempo criticando e incluso votando en contra de las decisiones gubernamentales. Es cierto que no es lo mismo gobierno que partido, pero no lo es menos que el sentido común aconseja no exteriorizar las discrepancias. Esas situaciones provocan desconcierto en propios y ajenos y a la oposición le da pábulo para acusar de incoherentes a los que gobiernan. Por cierto, Yolanda Díaz ha sido en cierto modo la excepción, porque ha interpretado bien el difícil papel de defender sus principios y ser fiel a su pertenencia al gobierno. De hecho, esa ha sido la razón por la que decidió desmarcarse del partido que fundó Pablo Iglesias y a constituir Sumar.

Por último, entre las causas que han llevado a la izquierda a la anterior derrota está la compleja realidad del batiburrillo de fuerzas que han apoyado al gobierno en la anterior legislatura, desde el moderado PNV, pasando por el independentista Esquerra y terminando por los herederos de los que respaldaron políticamente el terrorismo. Es cierto que, como ahora explica Sánchez, no ha gobernado con ellos, sino simplemente ha pactado acuerdos concretos, sólo en algunas ocasiones, para sacar adelante sus iniciativas legislativas. Pero también en esto ha faltado información, porque hasta ahora ni el presidente ni ninguno de sus portavoces había salido a la palestra para explicarlo, permitiendo que la oposición fomentara la idea de que se había vendido a los separatistas.

Decía arriba que se está notando un cambio de actitud por parte de Sánchez, pero a estas alturas es difícil saber si será capaz de modificar sustancialmente su imagen, porque el daño ha sido muy profundo. En cualquier caso, sigo pensando que todavía queda mucho partido, con jugadas como el debate de esta noche que, por cierto, no me perderé para reflexionar sobre su desarrollo en un próximo artículo.

6 de julio de 2023

Las espadas están en alto

A estas alturas de la precampaña electoral para las elecciones del 23 de julio, tengo la sensación de que todavía hay mucho partido que jugar. Los populares se las prometen felices, pero sea porque han cometido errores de bulto con sus contradicciones o porque los partidos progresistas han sabido reaccionar después de la debacle de las municipales y autonómicas o por las dos cosas a la vez, creo que todo está por decidir. Bastaría con que el PSOE mantuviera sus posiciones alrededor del treinta por ciento de intención de voto y con que Sumar se aproximara al quince para que la victoria progresista fuera casi segura.

Los socialistas han cambiado de estrategia y han puesto toda la carne en el asador de las mejoras sociales y económicas. Sus críticas hacia la coalición PP-Vox se han centrado exclusivamente en alertar sobre el evidente retroceso de derechos que supondría que este dueto llegara a gobernar en España. El calendario les ha facilitado las cosas, porque la constitución de ayuntamientos y gobiernos autonómicos ha puesto de manifiesto que una cosa es predicar buenas intenciones y otra dar el trigo de la realidad. Ya a nadie le cabe la menor duda de que, por mucho que insista el señor Feijoo en lo contrario, si gobierna será gracias al apoyo explícito de Vox, es decir incluyendo ministros de la extrema derecha en su gobierno.

Por su parte Sumar nace con un nuevo talante, muy distinto del que guiaba los mensajes de Podemos en la legislatura que se acaba. Digo talante, es decir manera de hacer las cosas, y no programa. Los antiguos votantes de aquel partido no podrán poner ninguna objeción a la ideología de éste, porque las reivindicaciones sociales siguen siendo las mismas. Sin embargo, aquellos que se sentían incómodos por la hosquedad y aspereza de las formas agradecerán el cambio. Yolanda Díaz habla abiertamente de un futuro gobierno de progreso, dando por hecho que estaría encabezado por Pedro Sánchez. Una estrategia distinta y un estilo diferente.

Además, por si fuera poco, los partidos del ámbito nacionalista o independentista siempre preferirán un gobierno que no provoque la involución del desarrollo autonómico a otro en cuyas filas figuren los que no creen en la España de las autonomías. Puede ser que en esta ocasión no le faciliten al posible gobierno progresista las cosas como lo hicieron en la legislatura anterior, pero de lo que no hay duda es de que apoyarían la investidura,

Es cierto que soy muy optimista, que tiendo a ver el vaso medio lleno. Pero no lo es menos que las elecciones de mayo han supuesto un aldabonazo en la mente de muchos españoles, no por los resultados en sí, que también, sino por las consecuencias. La derecha tradicional ha comprobado que no puede acceder al gobierno sin sentar a su lado a la ultraderecha de estilo "trumpista"; la izquierda ha tomado debida nota de los errores que cometió en la legislatura anterior. Un revulsivo muy llamativo para unos y para otros.

En cualquier caso, poco falta para que veamos si me equivoco o no.

2 de julio de 2023

Incapacidad manifiesta

A medida que el señor Feijoo explica o trata de explicar sus opiniones políticas va poniendo al descubierto su manifiesta falta de conocimientos en los asuntos de Estado. Acostumbrado como estaba a presidir una autonomía, el nuevo escenario se le debe de estar haciendo muy duro, si no es que atragantante. No es lo mismo, ni mucho menos, gestionar asuntos locales de mayor o menor trascendencia, que enfrentarse a la responsabilidad de presidir el gobierno de una nación tan compleja como es España. El aprendizaje anterior es bueno, pero de poco sirve si no se dispone de la necesaria capacidad.
 
Es evidente que sus colaboradores más inmediatos temen sus intervenciones ante los medios de comunicación, porque no es lo mismo ajustarse a un guion predeterminado que capear el temporal de preguntas improvisadas. Es en estas situaciones cuando se demuestra la valía o la incapacidad de un político. Feijoo, por no saber, no sabe ni los precios de las naranjas ni las previsiones de crecimiento de nuestra economía. De las primeras dijo que el kilo costaba 0,17 euros y de las segundas asegura que pretende alcanzar unos niveles de empleo que significarían retroceder con respecto a las cifras previstas por organismos nacionales e internacionales.
 
Pero lo peor es cuando, tratando de demostrar que está al corriente de las preocupaciones de los españoles, nos cuenta que Julio Iglesias le ha pedido que si gobierna "arregle lo del agua” y, ya de paso, acabe con la situación de los nacionalismos en España. Supongo que el famoso cantante está convencido de que el señor Feijoo es capaz de acabar con las sequías y de suprimir los sentimientos identitarios que la Historia ha ido dejando en algunas regiones españolas. 
 
Precisamente por eso, porque con facilidad el señor Feijoo demuestra su inmadurez en política de Estado, sus asesores de imagen no le dejan que participe en debates con Pedro Sánchez, un experimentado político que ha tenido que torear pandemias, guerra de Ucrania y volcán canario, y que además se ha ganado la confianza de sus socios europeos. Es fácil entender que las cabezas pensantes del Partido Popular teman que su presidente no sea capaz de resistir el peligroso duelo que sin duda se produciría.
 
Los últimos movimientos del señor Feijoo en relación a la política de pactos con la ultraderecha han sido esperpénticos. Mientras que comunica a voz en grito a sus seguidores que lo más importante en política es la palabra empeñada, la líder de su partido en Extremadura, la señora Guardiola, explicaba unos minutos antes que no podía cumplir la suya porque los intereses de los extremeños así lo exigen. Es evidente que en cualquier debate al que vaya uno u otro se lo recordará, le dirá que a qué palabra se refiere, si a la de honor o a la falsa, si a la que se pregona como garantía de honradez personal o a la que se maneja de acuerdo con las conveniencias de cada momento.
 
La incapacidad política del señor Feijoo es manifiesta, palmaria y evidente. ¿Alguien se imagina lo que puede suceder en España si además de acumular tanta torpeza se sienta a su lado en el gobierno el señor Abascal, un líder populista que niega que se esté produciendo un cambio climático y que asegura que en España no hay violencia de genero? Cualquier cosa.

29 de junio de 2023

Tralará

Quién no ha cantado esa vieja canción alguna vez: “Ahora que vamos despacio, tralará, vamos a contar mentiras, tralará”. Los estribillos que se añaden a continuación suelen ser disparates, a cuál más surrealista, pero nunca tanto como las diferencias que se observan entre lo que el señor Feijoo dice ahora y lo que decía antes. Para muestra un botón: en los ayuntamientos tiene que gobernar la lista más votada. Porque lo de jamás gobernaré con Vox va por otro lado, por el del engaño burdo, por el de donde dije digo, digo Diego. Es cierto que no es el primer político que se ve obligado a contradecir sus propias opiniones, pero la diferencia está en que cuando don Alberto  expresó ésta sabía que era imposible cumplirla.

El problema de los pactos entre PP y Vox es que pueden no ser coyunturales, sino convertirse en permanentes. La derecha tradicional española, el PP, que durante años demostró su capacidad para gobernar en solitario, ahora es incapaz porque no cuenta con los apoyos suficientes. El fenómeno no es difícil de entender, porque sus bases, o al menos una parte de sus bases, nunca aceptaron la democracia de buen grado. Durante la transición se dieron cuenta de que los nuevos tiempos requerían vestirse de demócratas para entrar a formar parte del mundo occidental, pero lo hicieron a regañadientes. De manera que la presión de esas bases descontentas explotó un día, los díscolos se salieron del cascarón que los protegía y se fueron despavoridos a Vox, un partido que nunca ha disimulado su querencia franquista, su añoranza del autoritarismo.

Lo peor de este asunto es que, aunque a los estratos más sensatos del conservadurismo español no les guste nada la deriva hacia Vox, necesitan su apoyo. De momento creen que pueden controlarlos dándoles algún caramelo que otro, con lo cual en vez de contribuir a su aislamiento les están dando alas. Cría cuervos y te sacarán los ojos, dice el refrán.

Yo me temo que lo que pueda ocurrir es que se produzca una especie de ósmosis entre los dos partidos, de tal manera que poco a poco las ideas se vayan fusionando, los programas pareciéndose cada vez más y los objetivos identificándose. Es decir, transformándose en uno solo. Ya ni siquiera será una alianza conservadora, sino un gran movimiento reaccionario. Porque creen que de esa manera quizá tengan asegurada la mayoría absoluta.

Es ahí donde está el peligro, en el nacimiento de un gran partido populista y antisistema, reaccionario y de corte autoritario, lo que sería el preludio de una gigantesca involución, no de un cambio coyuntural, sino de una mutación permanente. Este gigantesco frente mediático que se ha formado para intentar cambiar el gobierno no es casualidad, es el motor que está llevando a esta situación, a la vuelta a unos tiempos que ya creíamos superados.

Aunque lo que estoy diciendo pueda parecer una exageración, basta con navegar por las redes, analizar los mensajes, diseccionar los argumentos que se esgrimen para entender que el peligro está ahí. Mucho se habla de cambio de ciclo, de alternancia, de relevo democrático, pero tal como se están produciendo los acontecimientos deberíamos poner las barbas a remojar. La ola ultra avanza y la derecha tradicional está presa de los populistas.

 Ojalá me equivoque.

24 de junio de 2023

¡Qué viene el lobo!

 

Estoy convencido de que si el PSOE centra su campaña exclusivamente en el miedo a que venga el lobo, no va a conseguir cambiar la intención de voto de muchos de los electores que en las anteriores han votado al PP. Como se dice en el lenguaje bursátil, ya han descontado el riesgo de que Feijoo y Abascal gobiernen juntos. No les debe de parecer el león tan fiero como lo pintan y en consecuencia avivar la llama de ese peligro sería muy poco efectivo. No digo que no haya que alertar de lo que se nos avecina con la presencia de Vox en las instituciones, porque los personajes que empiezan a aparecer en la palestra son dignos de mención. Sin embargo, creo que lamentablemente una parte de la sociedad ha virado hacia posiciones extremas y que por tanto la insistencia en este riesgo no tendría demasiada repercusión.

Decía yo el otro día que deberían cambiar de estrategia. La antigua, la del "y tú más", no mueve conciencias, mucho menos la de los que están siendo bombardeados por pamplinas inverosímiles a través de los medios de comunicación y de las redes sociales. Han llegado a creerse de tal forma lo “derogar el sanchismo”, que en sus cerebros los ataque del mismo estilo pero en sentido contrario les parecen las pedradas de los pandilleros de enfrente.

Deberían desmarcarse de esa manera de hacer las cosas y centrarse en poner de manifiesto los logros alcanzados en esta legislatura y en los objetivos marcados para la próxima. Pero con pedagogía y sin demagogia. Tenemos en este momento la inflación más baja de Europa y nuestro crecimiento duplica el de los países de nuestro entorno. Las cifras de turistas en número de personas y en gasto realizado están alcanzando cifras  récord. Las inversiones de capitales extranjeros, que habían bajado significativamente, suben como la espuma. Las exportaciones crecen. Cataluña, una región española que hace unos años estaba al borde de la rebelión contra el Estado, aunque algunos continúen con sus cánticos separatistas vive en paz y concordia con el resto del país. El terrorismo ha desaparecido y los independentistas vascos canalizan sus pretensiones a través de las instituciones del país. Hay paz social, el desempleo disminuye y los salarios mínimos suben. Las pensiones se han revalorizado y los empresarios se muestran razonablemente satisfechos. El déficit continúa descendiendo y el PIB ha alcanzado los niveles de antes de la pandemia. Etcétera, etcétera, etcétera.

Es cierto que hemos llegado a una situación de confrontación chabacana y macarra de la que es muy difícil desprenderse. No lo es menos que cuando se oye a un líder presidenciable decir que hay que derogar el sanchismo, como si ese fuera su único objetivo, entran ganas de mirar para otro lado. Pero, aún así, el PSOE debería desmarcarse de la intolerancia, de las malas artes políticas, de la lucha barriobajera. Es preciso distinguirse de los que así actúan, para lo cual sólo cabe una posición, la de explicar lo que se ha hecho y extrapolar a lo que queda por hacer. Y no es necesario proclamar que el adversario no lo hará, porque eso es algo que los ciudadanos conocen perfectamente. Como decía el otro día en otro artículo de este blog, el electorado no es estúpido.

20 de junio de 2023

Lo que natura no da Salamanca no presta

El conocido proverbio de ámbito universitario que he escogido como título de este artículo nos advierte de que, por muchos estudios que figuren en nuestro expediente académico, por extensa que sea la erudición que contenga nuestra mochila escolar y por más másteres que añadamos al currículo, si no gozamos de buenas cualidades intelectuales todo se queda en agua de borrajas o en fuego de artificios, que para los efectos cualquiera de estos símiles me sirve.

En las hornadas de líderes que llegaron a la primera fila de la política a caballo de aquellos partidos a los que pomposamente se les denominaba en su momento emergentes, había algunos con un buen bagaje académico, que como es lógico exhibían como garantía de su capacidad intelectual, una forma de ganarse la confianza de una parte de la sociedad. Después vino el día a día, la cruda realidad primero del parlamentarismo de oposición y después del arte de gobernar, y aquella condición inicial se manifestó insuficiente. Volviendo al eslogan universitario, aunque contaran con Salamanca, natura no los acompañaba.

La política, como cualquier actividad de carácter intelectual, requiere de conocimientos, pero sobre todo de intuición, de prudencia, de mano izquierda, de sentido de la oportunidad, de buen talante, de paciencia. Porque, por muchos conocimientos que se tengan de derecho constitucional, por mucha ciencia política que se haya asimilado en la universidad y por muchas horas de ejercicio de la docencia que uno cargue sobre las espaldas, si al frente de un ministerio se redactan leyes que rechinan en las conciencias de la sociedad, queda claro que mejor sería dedicarse a otra cosa.

Entre todas las virtudes que se requieren para ejercer la política, creo que la capacidad de gestión es la más importante. Un ministro de Defensa no tiene que ser militar ni uno de Sanidad médico ni uno de Educación catedrático. Lo que se les debe exigir es que sean buenos administradores de unas complejas maquinarias, en las que confluyen personas y recursos materiales, donde los presupuestos están limitados y a las que hay que sacar el máximo rendimiento. Es verdad que para ello el conocimiento ayuda; pero si no se posee la capacidad de gestión requerida, si no se cuenta con una buena natura vendrá el fracaso.

Seguramente quien lea esto estará pensando que voy a dar nombres. Pues bien, aunque son varios los que rondan por mi cabeza, como no me gusta hacer leña del árbol caído guardaré silencio. Además, así dejo que cada uno ponga los que quiera, porque en esto de mucha academia y poca habilidad política hay bastante donde elegir. Pero sí diré que tengo la sensación de que en aquella hornada de fundadores de los partidos emergentes había mucho relumbrón universitario y muy poca experiencia, escasa capacidad de gestión y ningún sentido de la prudencia.

Hace tiempo escribí un artículo en el que vaticinaba que Ciudadanos y Podemos acabarían desapareciendo. Me basaba exclusivamente en la intuición, en el convencimiento de que cuando la pólvora ya está inventada poco sentido tiene volver a inventarla. En el caso de Podemos, aunque el adormecimiento del PSOE pudiera haber justificado en aquel momento su aparición para mover el árbol y que se cayeran las hojas secas, una vez conseguido el objetivo parece que sobran. Por lo menos eso es lo que dicen las urnas. Porque lo de Sumar de Yolanda Díaz nada tiene que ver con aquellos gritos de las castas, con las diputadas dando el pecho en el hemiciclo y con los aspavientos revolucionarios propios de los tiempos del asalto al Palacio de Invierno.