22 de julio de 2023
Feminismo no es "hembrismo"
18 de julio de 2023
Esto ya no es lo que era
Todavía me acuerdo de la sorpresa que causó en la opinión pública europea la llegada al poder de Donald Trump, un empresario millonario, malcarado y de ademanes hoscos y chulescos, conocido en su país entre otras cosas por sus comportamientos machistas. Los medios de comunicación casi sin excepción lo tacharon de populista y reaccionario. Su eslogan favorito, America first, sonaba a nacionalismo trasnochado y causaba malestar en las cancillerías europeas. El mundo libre se puso en alerta temiendo que aquel personaje, en cierto modo desconocido hasta el momento, supusiera por contagio el inicio en el mundo occidental de un retroceso en las libertades alcanzadas.
14 de julio de 2023
El debate de las mentiras
Empiezo diciendo esto, porque las impresiones iniciales, cuando se ha creado una gran expectación como la que existía por este debate, suelen quedar tan fijas en la retentiva de quien las percibe, que luego, cuando el desconcertado consigue enderezar el rumbo, siguen revoloteando sobre la impresión de los telespectadores. Porque Sánchez se recuperó y contraatacó con contundencia, ante lo cual Feijoo respondía con más de lo mismo. No contestaba las preguntas, daba datos falsos y de vez en vez sacaba a relucir los viejos fantasmas del terrorismo. Utilizar a Miguel Ángel Blanco 26 años después de su asesinato es un golpe, ya no sucio, sino a mi juicio indigno de un político que pretende ser presidente del gobierno de España.
De las acusaciones de pactos ignominiosos con la ultraderecha ni contestó, como si no fueran con él. Cuando Sánchez le preguntó si contaría con Abascal para formar gobierno, dijo que no metería a ningún ministro de Vox si conseguía una mayoría suficiente. Blanco y en botella, pero a la gallega. Creo que no habrá nadie que haya visto el debate que ya no esté seguro de que el líder de la ultraderecha será el próximo vicepresidente si Feijóo consigue gobernar. Eso ha quedado claro, aunque don Alberto crea que ha eludido el golpe.
Los datos económicos, en los que no voy a entrar para no aburrir, fueron una sarta de embustes. En mi opinión han abierto la caja de Pandora, porque la estela del debate, es decir los comentarios periodísticos, los debates televisivos y los mítines que quedan por celebrarse en los días que faltan hasta las elecciones ofrecen una magnífica ocasión para desgranar las mentiras y falsedades. Nadia Calviño ya ha empezado, y supongo que no cesará hasta dejar al candidato en absoluta evidencia, hasta desenmascarar sus falsedades y falsificaciones.
No niego que el debate le haya hecho daño a Pedro Sánchez. Pero sí la mayor, es decir que después del debate las tornas hayan cambiado. Los seguidores incondicionales del PP y de Vox se sentirán más a gusto, sin duda. Pero esa franja de votantes moderados, a los que les horroriza la posible llegada de la ultraderecha al gobierno de la nación, han tenido una buena oportunidad de ver en vivo y en directo los manejos tramposos del señor Feijóo.
Las espadas, por consiguiente, siguen en alto.
10 de julio de 2023
No se puede estar en misa y repicando
La primera de todas las causas y quizá la más importante ha sido la pésima información que el gobierno ha trasmitido a la ciudadanía a lo largo de la legislatura, permitiendo, entre otras cosas, que la bola de nieve de la presión mediática de la derecha y de la ultraderecha fuera creciendo sin control hostigada por el dinero de las oligarquías. Pedro Sánchez lo ha reconocido, justificando el craso error en que no era consciente de lo que estaba sucediendo. Yo le creo, porque la realidad demuestra que en ocasiones él y sus portavoces parecían ajenos al deterioro de imagen que estaba sufriendo Que lo reconozca ahora sugiere que está dispuesto a cambiar de estrategia informativa, pero debería apartar de su lado a alguno de sus consejeros en asuntos de comunicación. De hecho, algo empieza a notarse.
La segunda, desde mi punto de vista, el comportamiento de su socio de gobierno, Podemos, a cuyos dirigentes habría que haberles recordado que no se puede estar en misa y repicando. No es posible formar parte de un ejecutivo y estar al mismo tiempo criticando e incluso votando en contra de las decisiones gubernamentales. Es cierto que no es lo mismo gobierno que partido, pero no lo es menos que el sentido común aconseja no exteriorizar las discrepancias. Esas situaciones provocan desconcierto en propios y ajenos y a la oposición le da pábulo para acusar de incoherentes a los que gobiernan. Por cierto, Yolanda Díaz ha sido en cierto modo la excepción, porque ha interpretado bien el difícil papel de defender sus principios y ser fiel a su pertenencia al gobierno. De hecho, esa ha sido la razón por la que decidió desmarcarse del partido que fundó Pablo Iglesias y a constituir Sumar.
Por último, entre las causas que han llevado a la izquierda a la anterior derrota está la compleja realidad del batiburrillo de fuerzas que han apoyado al gobierno en la anterior legislatura, desde el moderado PNV, pasando por el independentista Esquerra y terminando por los herederos de los que respaldaron políticamente el terrorismo. Es cierto que, como ahora explica Sánchez, no ha gobernado con ellos, sino simplemente ha pactado acuerdos concretos, sólo en algunas ocasiones, para sacar adelante sus iniciativas legislativas. Pero también en esto ha faltado información, porque hasta ahora ni el presidente ni ninguno de sus portavoces había salido a la palestra para explicarlo, permitiendo que la oposición fomentara la idea de que se había vendido a los separatistas.
Decía arriba que se está notando un cambio de actitud por
parte de Sánchez, pero a estas alturas es difícil saber si será capaz de modificar sustancialmente
su imagen, porque el daño ha sido muy profundo. En cualquier caso, sigo pensando que todavía queda mucho partido, con jugadas como el debate de esta noche que, por cierto, no me perderé para reflexionar sobre su desarrollo en un próximo artículo.
6 de julio de 2023
Las espadas están en alto
Los socialistas han cambiado de estrategia y han puesto toda la carne en el asador de las mejoras sociales y económicas. Sus críticas hacia la coalición PP-Vox se han centrado exclusivamente en alertar sobre el evidente retroceso de derechos que supondría que este dueto llegara a gobernar en España. El calendario les ha facilitado las cosas, porque la constitución de ayuntamientos y gobiernos autonómicos ha puesto de manifiesto que una cosa es predicar buenas intenciones y otra dar el trigo de la realidad. Ya a nadie le cabe la menor duda de que, por mucho que insista el señor Feijoo en lo contrario, si gobierna será gracias al apoyo explícito de Vox, es decir incluyendo ministros de la extrema derecha en su gobierno.
Por su parte Sumar nace con un nuevo talante, muy distinto del que guiaba los mensajes de Podemos en la legislatura que se acaba. Digo talante, es decir manera de hacer las cosas, y no programa. Los antiguos votantes de aquel partido no podrán poner ninguna objeción a la ideología de éste, porque las reivindicaciones sociales siguen siendo las mismas. Sin embargo, aquellos que se sentían incómodos por la hosquedad y aspereza de las formas agradecerán el cambio. Yolanda Díaz habla abiertamente de un futuro gobierno de progreso, dando por hecho que estaría encabezado por Pedro Sánchez. Una estrategia distinta y un estilo diferente.
Además, por si fuera poco, los partidos del ámbito nacionalista o independentista siempre preferirán un gobierno que no provoque la involución del desarrollo autonómico a otro en cuyas filas figuren los que no creen en la España de las autonomías. Puede ser que en esta ocasión no le faciliten al posible gobierno progresista las cosas como lo hicieron en la legislatura anterior, pero de lo que no hay duda es de que apoyarían la investidura,
Es cierto que soy muy optimista, que tiendo a ver el vaso medio lleno. Pero no lo es menos que las elecciones de mayo han supuesto un aldabonazo en la mente de muchos españoles, no por los resultados en sí, que también, sino por las consecuencias. La derecha tradicional ha comprobado que no puede acceder al gobierno sin sentar a su lado a la ultraderecha de estilo "trumpista"; la izquierda ha tomado debida nota de los errores que cometió en la legislatura anterior. Un revulsivo muy llamativo para unos y para otros.
En cualquier caso, poco falta para que veamos si me equivoco o no.





