20 de marzo de 2025

Sólo 4.143 muertos por COVID en las residencias de ancianos de Madrid

Tenía yo un amigo negacionista del holocausto, que sostenía que la cifra de víctimas judías en los campos de exterminio alemanes fue muy inferior a los casi seis millones que reconocían las estadísticas oficiales. Se trataba en su opinión de una patraña inventada por Israel para engordar la cifra de las indemnizaciones. Un día le pedí que, ya que parecía estar tan enterado, pusiera él el número. Naturalmente no me lo dio, porque sabía que ponerlo, fuera el que fuese, significaba reconocer que el genocidio existió.

Isabel Díaz Ayuso sí ha dado su cifra de ancianos fallecidos por COVID en las residencias de la comunidad que preside, exactamente la de 4.143, frente a los 7.269 que maneja el INE. Yo no voy a entrar aquí en la discusión de cifras, sino en la circunstancia de que la presidenta de la CAM, al dar la suya, reconoce la mayor, que los protocolos que se siguieron no fueron los adecuados, porque propiciaron la muerte de un número considerable de residentes, muchos de los cuales, si se los hubiera trasladado a un hospital podrían haberse salvado, al mismo tiempo que los fallecidos habrían sido atendidos hasta el último momento como seres humanos. 

A diferencia de mi amigo, doña Isabel ha caído en su propia trampa. Éste es un asunto que debe de estar dándole muchos quebraderos de cabeza a la ínclita política conservadora. Prueba de esta inquietud es que el otro día se despachó en la asamblea de Madrid con “basta ya de mierdas”, expresión que, además de vulgar, trasluce un sentimiento de temor a las consecuencias.

En la pandemia hubo precipitaciones obligadas por las circunstancias. En todo, en las compras de material a precios especulativos, en la construcción de hospitales innecesarios y en los protocolos establecidos deprisa y corriendo. La situación no era fácil, es cierto, y por consiguiente se actuó con urgencia. Lo digo porque muchos de los escándalos que están apareciendo ahora se amparan en la anómala situación que vivimos en 2020. Pero esta circunstancia no puede servir de justificación para eludir responsabilidades, entre otras cosas porque es preciso corregir lo que se hizo mal. Situaciones de emergencia pueden volver a surgir en cualquier momento y, por consiguiente, es preciso aprovechar la experiencia para tomar medidas preventivas.

Yo no me atrevo a asegurar que en el caso de las residencias de ancianos existan responsabilidades penales, porque para eso están los tribunales de justicia que dirán la última palabra. Pero lo que sí afirmo es que negarse a aceptar la evidencia de que se cometieron gravísimos errores es la peor de las actitudes que puede adoptar un político. Como consecuencia, creo que doña Isabel Díaz Ayuso, con su corrección del número de muertos y con su escatológica expresión “basta ya de mierdas”, ha puesto de manifiesto su nulo interés por rectificar los errores que se cometieron en las residencias de ancianos. 

No sé como acabará este asunto, puede que en los archivos judiciales y parlamentarios como tantos otros escándalos. De lo que sí estoy seguro es de que si uno de mis seres queridos hubiera muerto en las mismas condiciones que aquellos 4.143 ancianos que confiesa doña Isabel, a pesar de mi edad, y aunque tuviera que acudir en silla de ruedas, me iban a estar oyendo ella y sus colaboradores hasta que me quedara afónico. No tengo la menor duda.

16 de marzo de 2025

No hay mal que por bien no venga

 

Parece que algo se está moviendo en la conciencia de los líderes europeos. Tengo la sensación de que gracias a la deriva en las relaciones internacionales que ha tomado Trump, los mandatarios de la Unión Europea están considerando abandonar la sumisión a los EE. UU. que se adoptó tras la segunda guerra mundial, cuando los americanos y los rusos decidieron dividir en dos zonas de influencia nuestro continente. Ha sido muy cómodo mantenerse bajo el abrigo y la tutela de la gran potencia americana durante décadas, pero empiezan a sonar tambores de autonomía y autosuficiencia geoestratégica.

No es fácil romper bruscamente los lazos que nos unen a EE. UU. ni creo que a Europa le convenga. No se trata de enfrentarse a la gran potencia, sino de hablar de tú a tú a quienes pretenden cambiar bruscamente el orden mundial, pensando sólo en su propio beneficio e ignorando por completo los intereses de sus tradicionales aliados. Europa no debe entrar en una dinámica de confrontación, sino en la de poner en evidencia su fortaleza. No creo que haya mejor forma de hacer las cosas, cuando la diplomacia resulta ineficaz.

La era Trump terminará algún día, porque la propia dinámica de la democracia americana obligará tarde o temprano a pasar página. Pero mucho me temo que las secuelas sean duraderas. Si mientras tanto Europa reacciona, avanza en la integración y empieza a comportarse como una potencia independiente de los caprichos de los demás, se habrá dado un gran paso. Potencial existe, mucho más cuando estamos observando que tanto el Reino Unido como Canadá nos consideran aliados frente al rumbo que está tomando la política norteamericana. Creo, por tanto, que ha llegado la ocasión de sacudirse las tutelas de otros y empezar a pensar en nuestra autonomía como bloque independiente.

Enemigos de esta política hay y seguirá habiendo muchos, países de la UE con gobiernos de extrema derecha que miran con simpatía a Putin y a Trump (Viktor Orbán), partidos ultra conservadores que prefieren la sumisión a potencias extranjeras que la independencia geoestratégica de Europa (Vox), oposiciones que anteponen sus intereses partidistas a los intereses del país (PP) y formaciones de izquierda radical que se oponen a que se invierta en defensa, porque subestiman la importancia de la capacidad disuasoria, sin entender que el progreso social requiere seguridad para protegerlo (Podemos). Un error por cierto muy extendido.

Pero a pesar de todo creo que Europa está ante la oportunidad de salir del letargo institucional en el que había caído, porque la política exterior de la administración Trump está poniendo en peligro su supervivencia como área de mayor nivel de bienestar social y económico del mundo. Es una oportunidad para avanzar con rapidez hacia la creación de un auténtico estado supranacional.

Si esto es posible lo vamos a saber muy pronto, porque las fichas en el tablero internacional se están moviendo a gran velocidad. ¿Sabrá la Unión Europea mover las suyas? Si así fuera, es muy posible que podamos decir aquello de que no hay mal que por bien no venga.

11 de marzo de 2025

¡Ya está bien de señoritas!

 

Dicen que tener el “oído largo” facilita la inspiración. No sé si será cierto, pero lo que sí puedo afirmar es que yo, cuando oigo algo que me llama la atención, no tardo en abrir el ordenador y ponerme a teclear. Esta vez la inspiración me ha llegado cuando tomaba una cerveza con Ana Mary en una terraza cubierta, muy cerca de una mesa en la que una pareja de mediana edad hablaba de lo humano, de lo divino y... del gobierno. En un momento determinado ella, alzando la voz para que todos pudiéramos oír sus puntos de vista, le espetó a su compañero: como dice Feijóo, ya está bien de señoritas.

Ese mismo día Trump acababa de anunciar que retiraba ipso facto la ayuda militar a Ucrania, lo que había motivado una comparecencia ante los medios de Úrsula Van der Leyen para informar que proponía un aumento de la capacidad defensiva de la Unión Europea valorada en 800.000 millones de euros, nada más y nada menos. Por otro lado, se acababan de conocer las últimas estadísticas del empleo en España, según las cuales el número de afiliados a la seguridad social había aumentado en sólo un mes en 100.000 trabajadores. Por si fuera poco, llegaban noticias de que en Siria se había perpretado una matanza de unos 1.000 alauitas.

Pero para mi vecina de mesa las noticias importantes del día no eran las que acabo de señalar, sino los comentarios del señor Feijóo haciéndose eco de las acusaciones sin pruebas de Víctor Aldana, el empresario implicado en muchos de los varios casos de corrupción abiertos en nuestro país. Tiene sentido que a esta señora le inspiren en sus apreciaciones de carácter político las señoritas y no las noticias destacadas, porque al fin y al cabo es lo único que oye decir al jefe de filas de los conservadores. Si sigue el curso de la actualidad a través de las intervenciones de este último, no puede hablar de otra cosa.

Por cierto, en los últimos días hemos visto al presidente del gobierno español asistir a varias reuniones de altos cargos de la Unión Europea, interviniendo en ellas en inglés. Cuando pienso que en vez del señor Sánchez pudiera estar representando a España el señor Feijóo, me entra una inquietud tremenda, porque supongo que se tendría que limitar a decir good morning o a esperar a que la traducción simultánea lo pusiera al corriente de por dónde iban los tiros. Que un alto mandatario en estos tiempos de globalización no sepa hablar inglés supone una limitación que sus votantes deberían tener en cuenta, porque se trata de un hecho que puede dejarnos fuera de las decisiones que se tomen en las altas esferas internacionales.

Volviendo al tema que hoy me ocupa, qué duda cabe de que es mucho más fácil hablar de señoritas que de empleo o de conflictos internacionales. Lo de las amiguitas lo entiende muy bien mi vecina de mesa, lo otro es muy posible que la dejara sin capacidad para emitir juicios políticos, lo que a su vez a mí me dejaría sin la oportunidad de estar entretenido oyendo juicios ajenos mientras me tomo una cerveza a la hora del aperitivo. No sé si son "oído largos", pero sí que a mí la capacidad auditiva me incita a entrar aquí de vez en cuando para dar mi opinión sobre lo humano, lo divino y... el gobierno.

8 de marzo de 2025

Mamarrachadas infantiloides

Yo creía que con el vídeo de Trump sobre Gaza ya no volvería a ver en mi vida mayores mamarrachadas infantiloides. Pero me equivocaba, porque el de La isla de las corrupciones, creada, emitida y difundida por las cabezas pensantes del Partido Popular, supera con creces la estupidez infantil del primero. Tengo la sensación de que los creativos populares se creen que los ciudadanos españoles somos idiotas o, al menos, que nos gustan los juegos sin ingenio.

Parece ser que la causa de esta mamarrachada infantiloide está en la consigna que el señor Feijóo lanzó hace poco a la cúpula conservadora, la de que había que estar en las redes sociales más activos que los de Vox. Debe de ser que los líderes del PP entienden por más activos más infantiles, porque el video de marras se las trae.

Confieso que en ocasiones, cuando oigo decir que el partido que preside don Alberto carece de ideas, que en su proyecto de país hay más agujeros que en un queso de Gruyere, me entran dudas de si no serán acusaciones malintencionadas esgrimidas por el gobierno. Pero cuando me encuentro con decisiones como las que han originado este video, se disipan mis dudas, porque se trata de una iniciativa que pone de manifiesto que no son capaces de contraatacar políticamente, sólo de propagar videos maliciosos, repetir insultos hasta la saciedad y acogerse a la anécdota en vez de a la categoría.

La realidad que subyace detrás de todo esto es que temen que les adelanten por la derecha. El PP está estancado en intención de voto, mientras que Vox, aunque con lentitud, sigue creciendo. Lo que significa que, ya no sólo se está partiendo el voto conservador, sino que el partido que fundó Fraga Iribarne corre el peligro de ser superado por el de los seguidores de Abascal.

No, don Alberto no lo tiene fácil, porque puede suceder que durante su presidencia se pierda la hegemonía en la derecha que hasta ahora ha disfrutado su partido. Por eso patalean en vez de hacer política; por eso caen en el populismo barato, en vez de actuar como partido de estado; por eso acuden a la difusión de mamarrachadas, en vez de ejercer de oposición seria.

Pero es que, además, el señor Feijóo se está apoyando en personajes como Miguel Tellado y Cuca Gamarra, políticos que en ocasiones parecen extraídos de los dibujos de un caricaturista. Caras alargadas, sonrisas aviesas y miradas perdonavidas, imagen contraria a la que debe dar un líder europeo moderno. Porque en política hay veces que la imagen vale más que cien palabras.

En resumidas cuentas, los partidos de derechas andan a la gresca entre ellos, lo que no sólo no les conviene, sino que además los induce a mantenerse en una espiral de actitudes infantiles, con lo cual cada vez agravan más su situación de debilidad.

Allá ellos. 

4 de marzo de 2025

El marrón de Mazón

 

Por más vueltas que le dé el señor Mazón, su incompetencia lo ha metido en un laberinto del que no puede salir. Lo hizo mal el día de la DANA y continúa demostrando que no está preparado para gobernar. No sólo cae constantemente en contradicciones, sino que además pierde la serenidad frente a los medios de comunicación y acrecienta la sensación de que está más quemado que una falla en la noche de la cremá.

Su comportamiento se está convirtiendo en un espectáculo entre patético y bochornoso para la mayoría de los españoles y de los valencianos en particular. El PP y su presidente lo sostienen a duras penas, intentando no comprometer sus palabras demasiado. El señor Feijóo, en un alarde de clarividencia, dijo hace unos días que su dimisión podría dar paso a un gobierno de la izquierda progresista, por lo que ahí estaba y ahí se quedaba… de momento.

Sin embargo, cuánto más tiempo dure esta esperpéntica interinidad de facto peor para los intereses de los populares, porque las contradicciones y las mentiras para tapar mentiras, no sólo perjudican la imagen del señor Mazón, también la de los que lo protegen. Por mucha cautela que pongan estos últimos cuando se refieren a su compañero de filas, su silencio y sus palabras a medias ponen de manifiesto su complicidad.

Tengo la sensación de que el tiempo juega en contra de los intereses conservadores. El ovillo se ha enredado y el señor Mazón cada vez que intenta deshacer los nudos los aprieta más. No tiene salida, porque su ausencia en el centro de emergencias es injustificable. Es cierto que los daños materiales habrían sido los mismos si la señal de alarma se hubiera dado antes, pero a medida que se van conociendo detalles de las muertes causadas por la catástrofe, van quedando menos dudas de que muchas de ellas se hubieran podido evitar.

Uno de los argumentos que esgrimen algunos preclaros dirigentes del PP es que el señor Mazón está centrado ahora en la recuperación de las zonas afectadas y que las urnas lo juzgarán en función del éxito de ésta. Pero la pregunta que se hacen muchos es cómo se juzga la vuelta a la normalidad, porque no hay una unidad de medida para cuantificarla. Si a esta circunstancia le unimos que muchos de los afectados tardarán años en recuperar sus vidas anteriores a la catástrofe, es fácil concluir que no puede confiar en que una buena gestión le salvará de la situación de descrédito en la que ha caído.

Alguien debería aconsejarle al señor Mazón que dimita, que deje de dar tantas explicaciones esperpénticas y que se retire con la máxima dignidad posible. A no ser que lo que pretenda es mantenerse como aforado cuando lleguen las acciones judiciales que le amenazan.

28 de febrero de 2025

Recuerdos olvidados 36. El huerto ya no está abandonado

Contaba yo en otro momento en estas páginas cómo y por qué me vino un día a la cabeza la idea de recuperar nuestro huerto de Castellote. Estaba abandonado desde hacía más de veinte años y lo único que se había hecho en él era, aprovechando una de las muchas obras de mantenimiento y modernización de la casa, construir una pérgola y plantar a su alrededor hiedra trepadora para que con el tiempo quedara cubierta y se convirtiera en una especie de cenador. Al mismo tiempo, entre la pérgola y la casa se había acondicionado, mediante un solado rústico, una zona de unos sesenta o setenta metros cuadrados, donde colocar unas hamacas para poder tomar el sol por la mañana o disfrutar de la frescura del atardecer.

Yo empecé a utilizar aquel espacio con frecuencia. Aunque me bajaba un libro, en realidad pasaba horas y horas analizando cada rincón y pensando cómo podría sólo con mis manos acondicionar aquellos casi mil quinientos metros cuadrados cubiertos de malas hierbas. Lo único que tenía claro es que no quería un huerto en el exacto sentido de la palabra, sino una zona ajardinada, con árboles y con zonas diáfanas cubiertas de césped. Los tiempos de las patatas, de las lechugas y de las judías verdes habían pasado y ahora lo que me apetecía era disfrutar de una vegetación ornamental, aunque tuve muy claro desde el principio que aquel espacio no podía perder la rusticidad que siempre lo había caracterizado.

Un día encargué que me llevaran hasta el huerto un camión cargado de piedras de buen tamaño, con el objeto de habilitar unos grandes alcorques paralelos a la fachada de la casa, lo que motivó la alarma de alguno de mis hermanos que debió de pensar que me había vuelto loco. Además, decidí instalar unas bocas de riego repartidas de trecho en trecho y llevar luz eléctrica hasta un par de puntos estratégicos. Sabía que todo aquello sería necesario, pero seguía sin tener ni idea de por dónde empezar.

Los alcorques los construí con la ayuda de Ana Mary, colocando y calzando piedra sobre piedra hasta completar dos pequeños bancales sobre los que empecé a plantar algunos arbusto y media docena de rosales. Pero enseguida me di cuenta de que necesitaba la ayuda de alguna persona con ciertos conocimientos de jardinería y decidí contratar los servicios de una persona que trabajaba en el mantenimiento de las plantas que adornan las medianas de las autopistas. Pedro Pablo, mi nuevo colaborador, fue plantando setos, árboles frutales y arbustos.

Lo que vino a continuación, cuando me di cuenta de que todo aquel empeño había dejado de ser un entretenimiento pasajero y se estaba convirtiendo en un trabajo de cierta envergadura, fue sustituir al jardinero inicial, que me había confesado que no disponía de tiempo suficiente para atender el huerto como yo le exigía, por una persona más cercana, pero sobre todo disponible. Toni, nuestro ahora “hombre para todo”, es quien en estos momentos maneja las riendas del proyecto, siguiendo mis indicaciones.

Toni ha reconstruido escaleras y cerramientos, ha instalado riego por goteo y por aspersión, ha establecido un calendario de podas de árboles, de siegas de césped y de limpieza de alcorques. Ahora conoce el huerto mejor que yo, lo que me permite un cierto relax que antes, cuando quería y veía que no podía, no tenía.

En estos momentos el huerto ya es un jardín frondoso, con más de treinta árboles -olivos, prunos, cipreses y frutales de varios tipos-, con un viñedo y con una hermosa pradera verde. El aspecto ha cambiado por completo, ya no está abandonado y se ha convertido en un apacible lugar de estancia. Aquello, que en su momento fue un proyecto inconcreto, casi una ilusión inalcanzable, se ha convertido en una realidad, aunque para ello haya sido preciso que transcurrieran veinte años. Confío en que las nuevas generaciones no pierdan nunca de vista su valor y por consiguiente no permitan que se vuelva a abandonar.


24 de febrero de 2025

Europa y su debilidad

Ahora, cuando Trump ha empezado a mover las fichas del tablero internacional a su propia y exclusiva conveniencia, la Unión Europea da muestras de ponerse nerviosa. Cuando creía que el nuevo presidente de EE. UU. no se atrevería a tomar medidas geoestratégicas sin contar con sus aliados europeos, descubre de repente que ni siquiera la convoca para informar. El mandatario norteamericano se pone en contacto directamente con Putin, da la espalda a sus socios y empieza a hacer de su capa un sayo. Incluso, y esto no se lo podían imaginar ni las mentes más calenturientas, acusa al presidente Zelensky de ser el causante de la guerra de Ucrania.

Se le puede dar muchas vueltas a lo que está sucediendo, pero al final sólo hay una explicación, que Europa es muy débil desde el punto de vista de la defensa en el contexto internacional. Es verdad que sus miembros disponen en mayor o menor medida de fuerzas armadas bien entrenadas y equipadas, pero la integración entre ellas es baja. Se entienden dentro del entorno OTAN, pero fuera de este paraguas no hay ninguna conexión.

Pero en la OTAN está EE. UU., de manera que si Trump decide hacer su política internacional sin contar con sus socios atlantistas, la fortaleza militar de Europa se queda en agua de borrajas. Por eso ahora ha aparecido de repente entre los líderes europeos una enorme preocupación por aumentar el gasto militar y salir de la tutela americana. Se empiezan a oír truenos y se invoca a santa Bárbara.

Desde mi punto de vista, sin perjuicio de que inevitablemente es necesario reforzar las capacidades militares de cada uno de los países de la UE, esto no basta. Lo que de verdad urge es la unificación del mando, la creación de unos estados mayores conjuntos y el establecimiento de planes de defensa comunes. Es decir, que Europa se dote de unas fuerzas armadas propias, al servicio de su defensa colectiva y de la disuasión frente a las amenazas de terceros.

Es verdad que conseguir lo anterior cuesta dinero y no lo es menos que la radicalidad de cierta izquierda se opondrá con vehemencia y tachará estos planes de belicistas. Pero si Europa no se dota de unas fuerzas armadas que permitan que no se la ningunee en el panorama internacional, quedará a merced de los caprichos de las otras dos grandes potencias, EE. UU. y Rusia.  De manera que de nada servirá que seamos un club de países prósperos, porque nuestro bienestar estará siempre subordinado a los intereses de otros.

En definitiva, hay que integrar capacidades antes de incrementarlas. Es preciso coordinar esfuerzos, porque una vez más la economía de escala se impone. De nada sirve gastar más si no se racionaliza el gasto. Tampoco es útil reorganizar las estructuras funcionales de los ejércitos de cada país sin tener en cuenta la global. Dos y dos pueden sumar tres o cinco. Depende de la integración de los sumandos.

Supongo que ya hay planes, pero convendría que, antes de que los partidos se enzarcen en discusiones sobre las políticas de defensa, se informe a la ciudadanía. Porque, aunque estoy convencido de la necesidad de aumentar el gasto militar, si Europa es capaz de hacer las cosas bien, quizá no sea tanto el incremento. Aunque será inevitable hacer un esfuerzo económico, no en perjuicio del gasto social, sino en beneficio de su protección frente a las locuras de otros.

20 de febrero de 2025

Los desmemoriados

 

Parece mentira que una idea tan civilizada como la de no dejar en el olvido nuestro pasado colectivo desate tanta polémica. La Historia con mayúsculas nunca ha sido objetiva, es cierto, unas veces porque se ha redactado a conveniencia de los poderes de turno y otras debido a que los historiadores han introducido en el relato su propia subjetividad. Pero una cosa es la falta de rigor y otra que se niegue el derecho a investigar y conocer lo que sucedió en un momento determinado en nuestro país.

La llamada ley de memoria histórica persigue, entre otros objetivos, que no permanezcan en el olvido muchas de las trágicas situaciones que se vivieron como consecuencia de la guerra civil. No discrimina entre unos y otros, entre vencedores y vencidos, porque es evidente que en los dos lados se cometieron barbaridades. Lo que sucede es que, mientras los primeros tuvieron cuarenta años para restañar sus heridas, los segundos estuvieron sometidos durante un largo periodo de tiempo a un obligado silencio. Por eso ahora, mucho después de todo aquello, gracias a esta ley, se les brinda a los sucesores de los derrotados la posibilidad de investigar lo que sus padres y abuelos no pudieron.

Produce escalofríos observar como determinados grupos políticos se oponen a que se desentierren y se analicen los restos de tantas y tantas víctimas, sepultadas en fosas comunes en las cunetas de las carreteras o junto a las tapias de los cementerios. Escalofríos y también estupefacción cuando se les oye argumentar que la intención que mueve a los que buscan los restos de sus antepasados no es otra que un ánimo revanchista, un intento de demonizar a los verdugos o un propósito de dividir a la sociedad. No se les ocurre pensar que lo que verdaderamente subyace tras el afán de identificar los cadáveres de sus ascendientes es no permitir que aquellos represaliados permanezcan en el más triste de los anonimatos.

A los desmemoriados por vocación se les ve a la legua su complejo. Siguen defendiendo que las depuraciones franquistas fueron necesarias y temen que estas búsquedas de restos humanos acaben poniendo de manifiesto la realidad de lo que sucedió. Saben que cráneos destrozados por balas a quemarropa, manos atadas a la espalda por correas o por cuerdas, esqueletos con posturas forzadas u otras evidencias del salvajismo que se empleó no favorece el relato como les gustaría. Por eso, porque no pueden justificar su oposición a la ley de memoria histórica de otra forma, tergiversan la intención y acusan de revanchistas a los que buscan a sus muertos y a quienes les ayudan.

Ojalá llegue un momento en el que nadie ignore qué le sucedió a su abuelo o a su bisabuelo durante aquel triste periodo de nuestra historia. Pero, sobre todo, ojalá sirvan estas investigaciones para evitar que salvajadas como aquellas se vuelvan a repetir.

16 de febrero de 2025

¡Cuántos inmigrantes hay!

Hoy voy a empezar planteando un reto a los que leéis estas ocurrencias mías. Os sugiero que os molestéis en contar y apuntar los inmigrantes que os encontráis a lo largo de un día cualquiera y los servicios que os prestan. Analizad también la calidad de su trabajo, su atención, su amabilidad y, por qué no, su profesionalidad. Es muy posible que, como me sucede a mí, os quedéis maravillados, siempre y cuando dejéis a un lado posibles prejuicios xenófobos.

Decía el otro día una prestigiosa publicación norteamericana, cuyo nombre no recuerdo, que el buen crecimiento del Producto Interior Bruto que está experimentando España en los últimos años en comparación con otros países de su entorno, se debe entre otros factores a la buena adaptación de los inmigrantes que llegan  aquí a nuestra forma de hacer las cosas. A mí no se me había ocurrido, pero esa opinión me ha hecho abrir los ojos y los oídos para observar el fenómeno.

Que todavía haya en España grupos de desatados xenófobos produce sorpresa. No me refiero sólo a la ultraderecha, porque de estos se conocen sus premisas, la de que se trata de delincuentes que vienen a quitar el trabajo a los españoles, sino a muchos conservadores moderados e incluso a algunos que se consideran progresistas. Yo me imagino que a estos últimos las sensaciones se les quedan en la epidermis y que en consecuencia no procesan correctamente la idea de lo que para nuestro progreso económico está suponiendo este fenómeno.

Se suele utilizar con frecuencia la dicotomía inmigración controlada versus inmigración incontrolada. Es verdad que estos profesionales que nos atienden día a día forman parte de la primera de las categorías, porque tienen “papeles”, pagan impuestos y cotizan a la seguridad social. Pero no lo es menos que si analizáramos su llegada aquí, en algún momento formaron parte de la segunda.

De lo que se trata, por tanto, no es de poner freno a la inmigración, sino de canalizarla adecuadamente. Con independencia de que estamos hablando de seres humanos que vienen a España a ganarse la vida y salir de la miseria de sus países, resulta, además, que son útiles para una sociedad como la nuestra que padece un crecimiento demográfico preocupante y cuya pirámide de población muestra claramente el envejecimiento en su conjunto.

El PP, en vez de reclamar que se envíe a la flota para evitar la llegada de cayucos y pateras (Miguel Tellado), debería ponerse de acuerdo con el gobierno para establecer un plan viable de inmigración ordenada. El problema está en que la palabra orden admite muchas interpretaciones, desde, como decía mi abuela, la de que tranquilidad viene de tranca, hasta la de establecer un sistema de acogida inteligente, pero sobre todo un esquema de inserción, de adaptación y de asimilación.

Sé que se trata de una batalla difícil de ganar. En primer lugar, porque sería un programa que habría que dotar de recursos económicos suficientes para no convertirlo en un fracaso. Por si fuera poco, porque los prejuicios xenófobos no son fáciles de extirpar. Pero sobre todo, porque pedirle al PP que colabore con el actual gobierno es algo así como intentar vaciar los océanos.

Pero a nuestra sociedad le va mucho en ello y, si no se afronta el problema con inteligencia, terminaremos perdiendo una magnífica oportunidad y pagaremos las consecuencias de nuestra torpeza. Una vez más se impone el sabio consejo de hacer de la necesidad virtud.

Por cierto, lo dejo aquí porque es la hora del aperitivo y a continuación me voy a tomar una cerveza en una terraza atendida por unas encantadoras camareras rumanas y, si me da tiempo, me pasaré por el chino del barrio para comprar unos cuadernos que necesito y que venden a un buen precio. 

12 de febrero de 2025

¡Dios bendiga a Trump!


Supongo que quien lea estas líneas y me conozca sabrá que el título que he escogido encierra alguna trampa. Lo leí el otro día en un chat frecuentado por la extrema derecha, en realidad una retahíla de estupideces que cayó en mis manos cuando brujuleaba por aquí y por allá, y me ha parecido que podía utilizarlo para llamar la atención del lector. En esa extensa conversación a través de Internet, los charlistas, no sólo le dedicaban al actual presidente de los EE. UU. la jaculatoria anterior, sino que además lo calificaban de salvador de la humanidad, de garante de las libertades y de látigo de los depravados. No encontré por ningún lado la palabra Mesías, lo cual es lógico, porque como la mayoría son devotos cristianos, para ellos el enviado de Dios ya estuvo en la tierra y la invocación podría convertirse en blasfemia.

El 15 de noviembre de 2024 escribí en este blog un artículo que titulé “Trump y el inalterable equilibrio cósmico”, en el que sostenía la idea de que, por mucho que el ahora presidente norteamericano quiera cambiar el mundo, los equilibrios geoestratégicos internacionales no se lo iban a poner fácil. También sostenía que disgustos nos iba a dar muchos, pero que serían pasajeros. Incluso me atrevía a vaticinar que las reacciones en el mundo entero pueden ser tan inesperadas, que los europeos incluso a lo mejor salimos ganando.

Dice un conocido refrán que solo nos acordamos de santa Bárbara cuando truena. Si traducimos santa Bárbara por Unión Europea y suponemos que los truenos son las amenazas del ínclito Trump, el refrán puede servirnos. Europa tiene que reaccionar, no enfrentándose a EE. UU., lo que sería una insensatez, sino fortaleciendo su unión, a pesar de que las ultraderechas y los neofascismos que nos rodean estén trabajando en contra, no ya sólo con discursos ambiguos como los del PP, sino de manera explícita y amenazadora como los de Vox. La “internacional facha" que se celebró el otro día en Madrid no deja lugar a dudas sobre sus intenciones.

No se acaba de entender como los “patriotas” aplauden a un presidente que nos amenaza con unos aranceles que pueden debilitar nuestra economía de manera sustancial. Es incomprensible que se pongan a favor de un enemigo de nuestro bienestar. Sólo hay una explicación, la de que van a lo suyo, a medrar en las políticas europeas y que el bienestar de los ciudadanos de sus países se la refanfinfla.

Lo de convertir Gaza en la Riviera del Próximo Oriente es tan descabellado, por no decir desalmado, que, si no fuera porque de los irresponsables se puede esperar cualquier disparate, yo me lo tomaría a broma. En cuanto a Ucrania, la paz que quiere imponer Trump significaría una clara victoria de Putin, por supuesto en perjuicio de los intereses de la Unión Europea. Otra ocurrencia que, de llevarse a cabo, nos dejaría a los europeos una vez más a merced de las dos grandes potencias.

Yo sigo pensando lo que decía en aquel artículo de hace unos meses, que la realidad de los equilibrios internacionales no permite tanta estulticia. Pero, lo confieso, no las tengo todas conmigo, porque en ocasiones los salvadores de la humanidad hunden el mundo.

8 de febrero de 2025

Una experiencia "whatsappera"

Siempre he considerado que la comunicación escrita implica el riesgo de no acertar con las palabras precisas y en consecuencia dar lugar a equívocos interpretativos. Con la oral es distinto, porque al estar presente el receptor o los receptores, se puede rectificar inmediatamente si se perciben equívocos. Yo, aunque procuro comunicarme de palabra siempre que puedo, recurro inevitablemente al WhatsApp de vez en cuando.

Hace seis años, un buen amigo mío y antiguo compañero de colegio y yo nos propusimos contactar con el mayor número posible de nuestros antiguos condiscípulos, para, de vez en cuando, reunirnos a comer y charlotear. Como medida complementaria, creamos una lista de WA en la que incluimos la media docena de nombres que habíamos localizado hasta entonces y que con el tiempo se ha ido incrementando hasta sobrepasar la quincena.

Naturalmente, el propósito de esta lista era el de facilitar la comunicación entre nosotros, pensando en las convocatorias de comidas, lo que no es óbice para que, ya que existe, se aprovechara para enviar a los demás alguna información que pudiera ser de interés general o incluir algún simpático chascarrillo. También, por qué no, para felicitar santos y cumpleaños.

Sin embargo, como existe tan mala cultura de la utilización de esta útil herramienta de comunicación, evidente contagio de la bazofia que circula por las redes, pronto empezaron a aparecer escritos de carácter político, de esos de “enviado muchas veces”, por supuesto no escritos por el remitente, sino simplemente “catapultados”. Por cierto, entre ellos fake news, pero sobre todo insultos y burdas descalificaciones. Añadiré, además, que los dardos siempre iban dirigidos en la misma dirección, desde posiciones conservadoras y de ultraderecha hacia el gobierno actual y sus socios. Nunca me he encontrado ninguno en sentido contrario, lo que resulta curioso y da que pensar, teniendo en cuenta que en esta lista hay no pocos progresistas.

Yo intenté cortar aquello hasta en tres ocasiones, simplemente recordando que nuestro grupo de WA no se había creado para “desunir”, sino para “unir”. Obtuve buenas respuestas y, lo más importante, durante un tiempo cesó el bombardeo. Pero poco a poco fueron reapareciendo estos reenvíos, hasta convertirse en una avalancha de burlas, insidias y maledicencias, escritos con el desparpajo propio de quienes están convencidos de que todos piensan como ellos. Ya se sabe que hay profesionales de la elaboración de agravios, al servicio del populismo y de la demagogia.

El otro día, tras el reenvío de una “malévola” lista prefabricada de agravios a todo lo que suene a Pedro Sánchez, en la que no faltaba de nada -incluso acusaciones de insultos al rey e insinuaciones de actitudes anticlericales-, puse una cuarta advertencia del riesgo de convertir la lista en una herramienta peligrosa para nuestra permanencia como grupo de viejos compañeros. No ha habido muchas respuestas, sólo alguna dándome la razón, otra contemporizando y achacándole al infundio la categoría de broma, una tercera diciendo que no nos dividamos que para eso ya está el gobierno. Incluso, y esto resulta llamativo, alguna sacando a relucir la libertad de expresión, como si este tipo de actuaciones representara la quinta esencia de la democracia.

En cualquier caso, hablé a continuación con el autor del último envío, una persona a quien le tengo un gran aprecio y respeto personal. No nos veíamos desde la época escolar y los dos sabemos que ahora estamos en las antípodas políticas. Pero eso para mí no es ningún inconveniente, siempre que respetemos las ideas del otro como personas civilizadas que somos. Y, si entre nosotros hay debate en algún momento, que sea en otro foro, no aprovechando una lista de WA que no se creó para desunir sino para unir. Dejé claro que mi comentario no va dirigido contra las ideas de nadie, sino contra que se expresen en este grupo. 

Como decía más arriba, han pasado varios días desde que envié mi advertencia. Al principio observé un cambio de estilo que prometía tranquilidad y sosiego, pero lamentablemente han vuelto a aparecer los viejos soflamas, los burdas insultos y la misma mala baba "reenviada muchas veces". De otras listas de WA ya me hubiera dado de baja hace tiempo, pero de ésta, que me une a una época escolar inolvidable, no lo voy a hacer. A pesar de que tentaciones tengo muchas.

4 de febrero de 2025

El nuevo socialismo

 

Desde hace algún tiempo, desde que un congreso socialista nombró a Pedro Sánchez secretario general del PSOE, se oyen voces, más o menos recurrentes, elogiando las figuras de los socialistas “históricos”, Felipe González y Alfonso Guerra entre otros, invocaciones que naturalmente persiguen el agravio comparativo con la actual cúpula del partido. Suelen proceder de la derecha, aunque también es frecuente oírselo decir a antiguos votantes socialistas, que en su momento fueron progresistas pero que los años los han derechizado.

En mi opinión, aquel PSOE de actitudes “tibias” de los años ochenta y noventa fue necesario, porque veníamos de donde veníamos y la mentalidad de los españoles no estaba preparada para atragantarse con los grandes cambios que necesitaba España. Yo, lo confieso, le di mi confianza al PSOE de entonces en las cuatro elecciones generales que precedieron a las correspondientes legislaturas que gobernó Felipe González. Su manera de hacer las cosas, sin prisas, pero sin pausas, me parecían prudentes. España estaba cambiando sin necesidad de que se produjeran sobresaltos.

Pero aquella época de prudencia y de pies de plomo pasó, y el electorado progresista empezó a reclamar más contundencia y más valentía a la hora de resolver los problemas de los españoles con menos recursos económicos. La derecha crecía, la ultraderecha empezaba a asomar la cabeza y el PSOE se había apoltronado, por no decir desinflado en sus convicciones progresistas. El electorado de izquierdas empezó a movilizarse y originó un terremoto, cuyo signo más visible fue la aparición de Podemos.

A pesar de esa señal de alarma, de ese evidente toque de atención de las bases progresistas, algunos dirigentes históricos del PSOE ignoraron las señales de alarma, como si aquello no fuera con ellos. Pedro Sánchez, que representaba una clara renovación dentro del partido socialista, tuvo que abandonar momentáneamente la primera línea, se recluyó en sus cuarteles de invierno y reinició la batalla por hacerse democráticamente con las riendas de la organización. Hubo un congreso, salió elegido secretario general y los socialistas iniciaron una nueva época, sacudiendo el árbol para que se cayeran las hojas secas.

Este PSOE responde a una nueva época, en la que ya no es necesario andarse con paños calientes. Por supuesto, ha provocado la reacción enfebrecida de las derechas y ultraderechas españolas, que se sentían mucho más tranquilas con la tibieza a la que había llegado el partido socialista. Además, como el parlamento se ha fraccionado como nunca lo había estado, los socialistas se han visto obligados a hacer de la necesidad virtud y a pactar con todos aquellos que puedan ayudarlos ha sacar el país adelante y a alejarlo de la peligrosa amenaza de los neofascistas emergentes.

Por cierto, aunque las acusaciones de pactos anticonstitucionales circulan por las redes sin recato ni pudor, yo no he visto hasta ahora que se haya acordado nada que vulnere la legalidad.  Son infundios, falsedades y bulos sin más fundamento que la desesperación de los conservadores cuando ven que han perdido el control de la situación. En cuanto a Cataluña, si comparamos la situación actual con la que sobrevino tras los errores cometidos por los gobiernos del PP, creo que a nadie le quedará la menor duda de que esta manera de hacer las cosas es la más conveniente para garantizar la unidad de España.

Por eso, que Felipe González continúe en los nuevos círculos a los que lo ha llevado su deriva conservadora y que Pedro Sánchez y sus nuevos colaboradores continúen adelante con valentía progresista.

31 de enero de 2025

Los despropósitos de don Alberto

Se lo tienen dicho, pero él ni caso. Sus barones más centrados, o menos descentrados, le han advertido por activa y por pasiva que en política la coherencia es un valor que hay que preservar, porque de lo contrario se pierde credibilidad. Pero el señor Núñez Feijóo erre que erre, porque está convencido de que ya es mayorcito y no necesita consejos de nadie. Además, como unos le dicen una cosa y los otros la contraria, ha debido de pensar que lo mejor es hacer de su capa un sayo y aquí paz y después gloria.

Las explicaciones que dio el otro día para justificar el apoyo a la propuesta parlamentaria del gobierno, no las superaría en humor surrealista ni el mismísimo Groucho Marx. Si en vez de salir al estrado con el rictus marcado por el mal rato que debía de estar pasando por culpa de la indiscutible incoherencia, lo hubiera hecho con un puro en la boca y flexionando un poco las corvas, se le hubiera confundido con el inolvidable humorista. Pero naturalmente el peso de la contradicción era tan grande, que no debía de estar en ese momento para muchas bromas.

Después de haber votado en contra de la aprobación del decreto de revalorización de las pensiones hace tan sólo unos días, con el único y exclusivo propósito de castigar al gobierno, ahora, cuando se ha puesto de manifiesto que la ley sale adelante aun con su voto en contra, intenta justificar el cambio de criterio con argumentos contradictorios entre sí. Por un lado, invoca a los pensionistas, a los usuarios del transporte y a los damnificados por la DANA, de los que se había olvidado en la votación anterior, y por otro argumenta que si vota ahora que sí es para que Pedro Sánchez no se salga con la suya y lo acuse de antisocial. Pero, don Alberto, ¿no percibe usted en sus argumentos la más que evidente contradicción que observamos el resto de los mortales?

Lo cierto es que se ha puesto de manifiesto una vez más que el gobierno cuenta con resortes suficientes para seguir gobernando, y al mismo tiempo que a la oposición no le queda más recurso que el del pataleo, como les sucede a los niños cuando se les quita de la boca un caramelo que estaban a punto de saborear. La derecha de Feijoo se frotaba las manos y su satisfacción se ha convertido en patente decepción. Se han quedado con el culo al aire, permítaseme la expresión coloquial. 

Es verdad que los apoyos parlamentarios que sustentan al gobierno constituyen un batiburrillo difícil de manejar. Pero no lo es menos que la mezcolanza es consecuencia de los nuevos tiempos, en los que, al haberse acabado el bipartidismo, no es fácil formar mayorías sólidas. Pero Pedro Sánchez hasta ahora está manejando bien la situación, sin que sea cierta la acusación de la oposición sobre presuntas concesiones anticonstitucionales a los separatistas. A no ser que le llamen así al esperpéntico berrinche que les ha entrado con la devolución del palacete de París al gobierno vasco.

El próximo hito serán los presupuestos del Estado. Pero visto lo visto, a mí no me extrañaría que se terminaran aprobando por mayoría suficiente. Entonces vendrá el crujir de dientes de la derecha y de la ultraderecha, en su constante pugna para ver quien la tiene más grande.

27 de enero de 2025

Recuerdos olvidados 35. Las cuadras y el huerto abandonado

Supongo que algunos de los que leen mi blog se habrán preguntado que de dónde saqué en su día el título de “El huerto abandonado”. Como es una historia que a mí me parece curiosa, le voy a dedicar unas líneas. Pero antes necesito exponer algunos antecedentes para que se entienda mejor el relato, pensando sobre todo en aquellos que no conozcan Castellote.

Nuestra casa del pueblo, propiedad que compartimos los cuatro hermanos, dispone como la mayoría de las antiguas edificaciones de Castellote de cuadras, no en vano proceden casi todas de una época en la que la mayoría de sus habitantes se dedicaban al campo. Desde hace años, desde que desaparecieron las caballerías y los animales domésticos se concentraron en grandes granjas, las cuadras perdieron su utilidad como tales. Por eso, algunos de sus propietarios, entre ellos nosotros, las hemos reconvertido en estancias para la diversión y el entretenimiento. Las nuestras, de unos ciento cincuenta metros cuadrados, constan de bodega, comedor y cocina, tres estancias contiguas que hemos ido amueblando y decorando poco a poco con aportaciones de cada uno de nosotros, pero sin eliminar los pesebres, que permanecen como vestigios del pasado.

Pero de lo que no disponen la mayoría de las casas del pueblo es de un huerto como el nuestro, de cerca de mil quinientos metros cuadrados, al que se accede directamente desde la casa precisamente a través de las cuadras. Este huerto, que cuando yo era un niño constituía el escenario principal de nuestros juegos, estuvo siempre al cuidado de medieros, el último el bueno del “tío" Emilio, una auténtica institución en nuestra familia. Pero Emilio se jubiló hace ya muchos años y nadie entró para sustituirle, por lo que el huerto quedó abandonado y, poco a poco, se fue asilvestrando hasta convertirse en un lugar casi inaccesible o, al menos, poco atractivo para pasar ratos en él.

Una noche de hace más de treinta años -aquí empieza la historia que hoy pretendo relatar-, estaba yo con un grupo de amigos y familiares cenando en las cuadras de unos primos nuestros. Observé que entre los elementos de decoración habían colocado sobre las paredes unas celosías pintadas en verde, con macetas colgadas que contenían plantas artificiales, una manera muy ingeniosa y al mismo tiempo vistosa de quitarle aspereza a la visión de unas viejas estancias con poca prestancia. Me quedé con la idea, porque la decoración de interiores siempre ha llamado mi atención. 

Otro día, cuando esta vez la cena tenía lugar en nuestras cuadras, le comenté a una de las propietarias de la casa que acabo de mencionar que me había gustado mucho la solución de las celosías y que quería hacer algo parecido allí. Me miró con ojos sorprendidos y me dijo algo así como, "si nosotros tuviéramos un huerto como el vuestro, no habríamos colocado flores artificiales en las cuadras".

El mensaje estaba claro y encendió una luz en mis inquietudes, siempre en estado de alerta. Nuestro huerto no podía seguir abandonado, había que reconvertirlo en una zona ajardinada que nos sirviera de lugar de esparcimiento, como lo había sido hasta hacía poco. Las cuadras, cuya utilización ya estaba en marcha, seguirían su camino y el huerto empezaría su propia andadura.

Aunque tenía las ideas claras y como consecuencia el firme propósito de recuperar el huerto abandonado, lo cierto es que la tarea se me antojaba ardua, por no decir imposible. Algunos frutales se habían secado, las malas hierbas se extendían por todas partes y el suelo en verano estaba más seco que un secarral. Cuando lo recorría buscando por dónde empezar, se me caía el alma a los pies incapaz de decidirme.

Pero el relato de la historia de la recuperación del huerto tendrá que esperar a otro día, porque creo que merece un cierto detalle y porque aquí sobrepasaría la extensión que me he marcado para estos artículos Entonces, cuando le toque el turno, explicaré cómo dejó de estar abandonado.

22 de enero de 2025

Salir del fango

Cuando escribo estas líneas, ha transcurrido mucho tiempo desde que Sánchez, tras unos días de ausencia, anunciara que continuaba al frente del ejecutivo. Al principio, después de oír su intención de iniciar una nuevo estilo, cuando aseguró que iba a hacer todo lo posible por cambiar el ambiente de agresividad que inunda las instituciones, mi siempre desbordado optimismo me hizo pensar que entrábamos en una nueva etapa. También mi ingenuidad me llevó a imaginar que, si una de las dos partes rompía esta dinámica diabólica en la que nos encontramos, la otra acomodaría el compás a una nueva manera de hacer las cosas. Pero no sólo no ha sido así, sino que el ruido se ha recrudecido hasta convertirse en ensordecedor.

Hay una expresión figurada que consiste en decir que algo se ha pasado de rosca, y ya se sabe que cuando a un mecanismo le sucede algo así se convierte en inservible. La oposición se ha pasado de rosca y gira libremente como los tornillos sin fin. Ni encuentra el tope necesario ni quiere encontrarlo. Cuando se le ofrece lo rechaza, porque eso significaría tener que aceptar que Sánchez siga gobernando. Es más fácil hostigar que contemporizar. Resulta mucho más útil para sus intereses a corto continuar con el mantra de la falta de legalidad del actual gobierno, que ejercer de oposición. Si además llueve sobre el mojado que han ido creando durante los últimos años, mejor.

La polarización es cosa de dos. Uno sólo no puede romperla. De manera que, si una de las partes no quiere porque no le interesa, es imposible acabar con ella. Entonces la pregunta es qué hacer. La respuesta que se me ocurre no es otra que lamentablemente este gobierno tendrá que seguir navegando en aguas embarradas, no porque quiera, sino porque el otro no le deja salida. Así de fácil.

Ahora bien, navegar en aguas embarradas no implica echar más barro. No es fácil, por supuesto, pero sí posible. Este gobierno podría acabar la legislatura si se propone hacer las cosas de otra manera. No digo mejor, aunque todo es perfectible, digo de manera distinta. Ahora bien, para ello tiene que contar con sus socios de gobierno y con los partidos llamados de la investidura, porque si éstos continúan con el espectáculo al que nos tienen acostumbrados, no hay nada que hacer. Si no anteponen a sus intereses  electorales a corto plazo una inteligente visión de futuro, no habrá nada que hacer. Porque ya me dirán los señores de Junts qué pueden esperar de un gobierno del PP y Vox. Desde mi punto de vista, el amago de dimisión de Sánchez perseguía el objetivo de alertarles sobre esta posibilidad. Ahora bien, no estoy seguro de que, pasado el primer momento de estupefacción, el frente común que parecía haber renacido vaya a continuar.

Como no hay nada nuevo sobre la faz de la tierra, lo que está sucediendo ahora tampoco es novedad. La democracia resiste los embates más duros, porque, aunque a veces sus enemigos la hagan tambalearse, al final la inercia del progreso social vence los ataques. Prefiero pensar así, porque de otra manera tendría que empezar a entonar un réquiem por las libertades.

Para acabar con el barro en la política no se puede contar con esta oposición. Este gobierno tendría que hacerlo en solitario y con habilidad democrática. ¿Es eso posible? Mucho me temo que no.

17 de enero de 2025

No se puede ser más miserable en tan poco tiempo

 

La expresiva frase del título no es mía. La tomo prestada de un comentarista político, cuando hace unos días explicaba a su audiencia radiofónica que el ínclito Carlos Mazón había dicho en público que los palestinos de Gaza tenían mucha suerte, porque habían recibido 24 millones de euros del gobierno español para paliar la catástrofe humanitaria provocada por Netanyahu, mientras que Valencia no había recibido ni uno.

Yo quizá hubiera sido más suave y hubiera escogido otro, como por ejemplo “Se defiende como gato panza arriba”. Porque el ilustre presidente de la comunidad valenciana, acosado por todas partes, incluso por los de su propio partido, ya no sabe qué decir para librarse de las acusaciones de inepto que recaen sobre su persona. Ha escogido la estrategia de la burda mentira, olvidándose de que a un mentiroso se le coge antes que a un cojo.

¿Sabe el señor Mazón lo que ha costado y sigue costando la movilización de la UME? ¿Ignora a caso el desembolso del Estado en la reparación de las infraestructuras básicas, autopistas y ferrocarriles? ¿Nadie le ha dicho los millones de euros que el ejecutivo central está dedicando a ayudas directas a los damnificados, todas ellas perfectamente detalladas en el BOE?

Yo puedo llegar a entender que, cuando uno ha cambiado tantas veces de versión sobre su injustificada ausencia en los primeros momentos de la tragedia, esté desesperado y no sepa a qué clavo ardiendo agarrase. Pero acudir a la falsedad, a la falacia y al embuste manifiesto, sobre todo cuando todo lo que dice es muy fácil de desmentir, demuestra, no sólo su falta de talla política, sino también su carencia de principios morales.

Las hemerotecas desmienten sus acusaciones. No sólo las hemerotecas, sino también la ingente información gráfica que nos ha ido llegando a todos de las actuaciones de los recursos del Estado desde el primer momento. Pero Mazón, no sólo niega la mayor, sino que además mete a la tragedia humana de los palestinos por en medio, una comparación absolutamente improcedente, sólo digna de un político más torpe que donde los hagan.

Feijóo, consciente de la torpeza de su barón, lo defiende en público, lo arropa e intenta darle algo de oxígeno, por supuesto con la boca chica. Yo no creo que Mazón vaya a pasar la criba del próximo congreso del partido popular en Valencia, porque reelegirlo como presidente supondría someter al PP a un riesgo electoral innecesario. Los valencianos tardarán mucho tiempo en olvidar su ausencia injustificada en los primeros momentos de la tragedia, entre otras cosas porque, si hubiera estado desde el primer momento al frente de las medidas que había que tomar, es posible que se hubieran evitado muchas muertes.

Pensándolo bien, no voy a cambiar el título de este artículo, porque mucho me temo que el citado comentarista tenga razón: no se puede ser más miserable en tan poco tiempo.

13 de enero de 2025

Recuerdos olvidados 34. Mis múltiples colegios.


Creo que a lo largo de estos recuerdos olvidados he contado en más de una ocasión la circunstancia personal de que cursé las enseñanzas de primaria y secundaria hasta en seis colegios distintos. Supongo que también he dicho que ignoro si tanto cambio de centro escolar favoreció o perjudicó mi formación, pero eso es algo que ya a estas alturas de mi vida poco importa.

Mi primer colegio fue el de Nuestra Señora de El Pilar de Tetuán, ciudad en aquel entonces capital del Protectorado Español de Marruecos, en la que viví durante los nueve primeros años de mi vida. De este centro, en el que debí de estudiar dos cursos de primaria, conservo pocos recuerdos, más allá de un gran patio para el recreo y un árbol de morera del que cogíamos hojas para alimentar a nuestros gusanos de seda. Sin embargo, no se me han olvidado los traslados desde el colegio al centro de la ciudad, en filas de a tres en fondo, a través de unos descampados y unas cuestas endemoniadas, que las lluvias convertían en barrizales y que Google Earth me muestra ahora cubierto de urbanizaciones. Fue en aquel colegio donde aprendí a leer, a escribir y las cuatro reglas de la aritmética, pero lo cierto es que no recuerdo a ninguno de mis profesores y casi nada de mis compañeros, salvo a un tal Ángel Martínez de Velasco, con quien tuve una buena amistad y que luego, al cabo de muchos años, volví a encontrarme en un par de ocasiones. Como anécdota, interesante y curiosa en los tiempos que corren, contaré que cuando los alumnos católicos nos poníamos de pie para rezar en clase lo que procediera, los musulmanes, aproximadamente el treinta por ciento de la clase, permanecían respetuosamente sentados. Había un absoluto y total respeto entre las dos comunidades. Digo más, entre las tres, porque entre mis compañeros recuerdo algún hebreo.

El segundo fue un internado en las estribaciones de los Pirineos gerundenses, del que mantengo vivos recuerdo y en el que estudié el llamado entonces Ingreso al Bachillerato (curso 1951-52). De aquella experiencia, que compartí con mi hermano Manolo, si he escrito aquí varias anécdotas, porque mi memoria retiene bien el cúmulo de sensaciones derivadas del paso de la pasiva inercia infantil al desarrollo de la personalidad, que sin duda en mi caso se inició allí. Pero lo cierto es que sólo estuvimos en ese colegio un curso, porque la dureza de las condiciones me envalentonó para exigir a mis padres que no nos obligaran a repetir la experiencia. Esto último ya lo he contado en algún otro sitio de estos deslavazados recuerdos.

El tercero fue una academia seglar y mixta, la Cocuard, en la ciudad de Gerona. Como curiosidad diré que el director y dueño del centro era un antiguo republicano, de los pocos que se libraron de la represión franquista. Mi padre, militar y excombatiente en el otro lado, conocía la circunstancia; pero debía de ser tal el prestigio de aquel docente que no dudó en matricularnos a los dos. 

En ese colegio cursé el Primero de Bachillerato (curso 1952-53), y tengo la sensación -lo he confesado en varias ocasiones- que aquella experiencia escolar, niños y niñas juntos, y sobre todo una educación alejada de la influencia religiosa, me ayudó en gran medida a iniciar el uso de la razón, a confiar en la ciencia y a alejarme de fantasías indemostrables. Aunque sólo fuera el principio de un proceso no demasiado largo, creo fue allí donde empezó una profunda catarsis emocional, que luego continuaría hasta desembocar en la mentalidad librepensadora que me acompaña desde hace muchos años.

En el cuarto, el colegio de La Salle Josepets de Barcelona, estudié Segundo (curso 1953-54), y Tercero (curso1954-55) de Bachillerato. Volvía a la enseñanza segregada y religiosa, un cambio que a pesar de mi edad noté. Quizá una de las características más emblemáticas de aquel centro fuera el fomento del deporte que, dadas las características del pequeño espacio que disponía, se centraba en el baloncesto y en la gimnasia. Blume, el conocido gimnasta español que triunfó en los campeonatos internacionales de final de los 50 y principios de los sesenta, había estudiado en aquel colegio, razón por la que los hermanos de La Salle idolatraban su figura. Sin embargo, recuerdo muy poco a profesores -todos religiosos- y compañeros, más allá de algún apellido al que no soy capaz de poner cara. 

El quinto fue el Colegio Calasancio de Madrid (cursos 1955-56, 1956-57 y 1957-58) en los que cursé Cuarto, Quinto y Sexto de Bachillerato. De este centro si mantengo muchos recuerdos y sobre todo bastantes amigos, con algunos de los cuales me veo de vez en vez, unos encuentros que, aunque a todos nos haya llevado la vida por caminos muy distintos, nos permite rememorar juntos una época que sin duda fue la cuna de nuestras respectivas personalidades.

El sexto y último fue una academia seglar, pero no mixta, también en Madrid. Allí cursé el Preuniversitario (curso 1958-1959). Mantengo algunos recuerdos, pero sobre todo el del profesor de Lengua y Literatura, un hombre que despertó en mí el furor por la lectura. Yo en aquella época leía ya bastante, pero todavía no había salido de la lectura de los libros juveniles, Emilio Salgari, Julio Verne y otros de narrativa fácil y entretenida. El señor Casajús recondujo mi afición y me hizo saltar sin miedo a la literatura con mayúsculas, de la que no me he despegado hasta ahora. Nunca olvidaré sus palabras: lean ustedes todo lo que puedan, no hay placer mayor que el de la lectura. 

Seis colegios, seis experiencias y, como nada me impide pensarlo así, supongo que un cóctel enriquecedor, no sólo en el plano educativo, también en el aprendizaje de vivir la vida, la asignatura más importante y también la más difícil. Hay algunos que no la aprenden nunca.

9 de enero de 2025

Recuerdos olvidados 33. Mamá, quiero ser escritor

Pido disculpas por la broma del título, sólo un guiño a mi admirada Concha Velasco por su insistencia en que quería ser artista. Creo que siempre, desde niño, estuve enamorado de ella. Amores imposibles, que son los menos peligrosos  porque no comprometen. De esos he tenido varios.

Andaría yo por los 18 o 19 años y había empezado a estudiar la carrera, cuando leí una novela sobre la vida de un joven que se encerraba en un cottage, totalmente aislado en la campiña inglesa, para escribir su primera novela, porque quería ser escritor a costa de lo que fuera necesario. No recuerdo ni el título del libro ni el nombre del autor ni siquiera el final de la historia. Sólo se ha quedado grabada en mi memoria la secuencia de la machaconería con la que aquel personaje se enfrentaba a su obsesión.

Puede, no estoy seguro, que de aquella lectura naciera mi interés por escribir novelas. Yo también he querido ser escritor toda la vida, entre otras cosas porque siempre me ha parecido uno de los ejercicios intelectuales más interesantes a los que un ser humano pueda enfrentarse. Por consiguiente, como se trataba de una asignatura pendiente que quería aprobar, cuando ya rondaba los sesenta años me senté un día frente a mi ordenador y empecé a hilvanar palabras, sin esquema previo y sin más ayuda que el diccionario de la academia y un manual de sinónimos y antónimos. Pensé que lo demás, eso que llaman inspiración, sería consecuencia de mi trabajo. No tenía ni idea de lo que significaba todo aquello, pero en peores garitas había hecho guardia.

Inventé un título -por algún sitio hay que empezar-, me propuse sondear en mis recuerdos juveniles -por supuesto sólo a modo de inspiración y no de confesión- y empecé a redactar mis ocurrencias. Cuando acababa un párrafo no sabía cuál sería el siguiente y cuando cerraba el ordenador después de cuatro horas de sentada ininterrumpida no tenía ni idea de por dónde continuaría cuando volviera a abrirlo. Sin embargo, pocas veces volvía a revisar la secuencia argumental, quizá porque me asustara hacerlo, aunque sí corregía y corregía el estilo del texto hasta la saciedad. De aquel primer esfuerzo nació al cabo de un año de gestación “La voz de los almendros”, que guardé en un cajón, no sé si porque en aquel instante no sabía si deshacerme de él o esperar a otro momento.

Pero lo cierto es que, como ya le había cogido el tranquillo a la tarea, y también había empezado a saborear el placer de la escritura, inicié un segundo libro, esta vez una novela de carácter histórico, aunque apoyada en los recuerdos de un personaje actual, a la que titulé “El corazón de las rocas”. Cuando la acabé, tras otro año de aporrear el teclado y más envalentonado que la primera vez, encontré un anuncio de una empresa de autoedición, me fui con el borrador bajo el brazo a una oficina situada en la Glorieta de Quevedo, llamé a un timbre, me recibieron unas simpáticas, brillantes y guapísimas señoritas de la edad de mis hijos, me atendieron como si fuera el mismísimo Cela y me explicaron en qué consistía su colaboración.

Al cabo de unos días de inquieta espera, recibí una llamada de mi ahora amiga Minerva, la directora de la editorial, que me anticipó que les había gustado a quienes la habían leído, que era publicable y que fuera a verla. Yo no cabía en mí de satisfacción.

“El Corazón de las rocas” se publicó en 2006. Slovento, así se llamaba la editorial, organizó una presentación del libro en el café Libertad 8, en la calle del mismo nombre, un lugar de sabor bohemio y de ambiente recogido, en el que me acompañaron hasta cincuenta amigos y familiares. Se sentaron conmigo en el estrado una de las guapas editoras, y Pilar, mi gran amiga y consejera literaria. Cuando me tocó el turno, solté un discurso de unos quince minutos, notando tras cada palabra que el torrente de adrenalina se precipitaba en mis venas. Estaba empezando a disfrutar de un mundo totalmente desconocido para mí, el que rodea a los escritores. Puede que fuera en aquel momento cuando me convertí en un adepto a la escritura.

Después de aquel estreno me atreví a publicar la que había guardado en el cajón de mi escritorio. La corregí por enésima vez, la llevé a Slovento, me aconsejaron su edición y la presenté, esta vez en el café del Prado, un lugar que ya no existe. Como había hecho con la primera, inicié una gira de presentaciones -Teruel, Alcañiz, Castellote y otras localidades turolenses-, por aquello de que se trataba de historias localistas e imaginaba que allí mis ficciones podrían tener más interés que en otros lugares

Más tarde vino otra novela, “Las musas del asfalto”, una historia muy alejada de mis vivencias, porque quería probar mi capacidad creativa, imaginando tramas que nada tuvieran que ver con mis experiencias. Después un par de libros de viajes, “Las sombras del Nilo” y “Viaje al centro de la Historia”, con pretensiones de ensayos. Por último este blog y estos recuerdos olvidados, deslavazados y entrelazados con otras reflexiones, ocurrencias y paridas.

Ahora -a la vejez viruela- estoy metido de lleno en otro proyecto literario. Pero de éste de momento no voy a descubrir nada, porque pertenece al secreto del sumario. Espero que me queden fuerzas para airearlo en algún momento.



5 de enero de 2025

Recuerdos olvidados 32. Yo fui pregonero en las fiestas de mi pueblo

 

No recuerdo bien la fecha, pero teniendo en cuenta que lo que voy a relatar sucedió poco después de que hubiera publicado mis dos primeras novelas, creo que no me equivocaría demasiado si la situara en la primavera de 2007. Estábamos Ana Mary y yo pasando unos días en Castellote fuera de las temporadas para nosotros habituales, tomábamos unos vinos en la barra del Guarch -refugio de lugareños, forasteros, caminantes y andariegos- cuando se me acercó alguien cuya cara me resultaba muy conocida, pero que al principio no conseguía identificar. Era "el Montero", un amigo mío de los veraneos infantiles castellotanos.

“Luis” -me dijo con un atisbo de timidez en la mirada-, “no sé si sabes que soy el actual concejal de festejos. Ya que te he visto, quería pedirte en nombre del ayuntamiento que aceptaras dar el pregón en las fiestas de este año”. Me quedé tan perplejo, entre la ilusión que me hacía aquella propuesta y la duda de que yo fuera la persona más indicada, que empecé a contestarle, no con evasivas, pero sí con ciertas reservas. “Montero, te agradezco mucho el detalle, pero creo que esto de los pregones es cosa de gente joven. Lo que yo pueda contar no le interesa a nadie. ¿Quieres que les hable de mi vida a nuestros paisanos?”. Me miró sonriendo y me contestó que eso era precisamente lo que quería el alcalde y también lo que a él le gustaría. “De todas formas -añadió- puedes hablar de lo que te venga en gana”.

Naturalmente acepté, muy consciente de que cumplir bien con aquel compromiso no iba a ser tarea fácil. Durante los meses siguientes me devané el seso intentado encontrar un hilo argumental que pudiera tener un cierto interés para un colectivo en el que algunos, muy pocos, son de mi edad, pero la mayoría mucho más jóvenes. Tenía además el reto de conseguir darle al discurso un tono adecuado, alejado de retóricas alambicadas, pero sin caer en la vulgaridad. Al pan, pan y al vino, vino, pero a ser posible candeal el primero y de reserva el segundo.

Elegí contar mis experiencias en Castellote, desde que aparecí en el pueblo por primera vez cuando todavía no había cumplido los trece años, hasta la fecha. Rebusqué en la memoria algunos personajes que me hubieran dejado buenos recuerdos, describí someramente las precariedades en las infraestructuras de la época, sin agua corriente ni alcantarillas y con continuos cortes de electricidad. Pero sobre todo me centré en una época, la de los sesenta y parte de los setenta, cuando Castellote se había convertido en un auténtico pueblo minero. Hablé de la prosperidad de entonces, que evidentemente la hubo, pero también y sobre todo de los sacrificios de un oficio tan duro como es el de la minería del carbón.

No sé si atiné, pero agradecí los espaldarazos que recibí. Tengo la sensación de que hablar de los mineros emocionó a algunos –para otros era un tema del que apenas conocían detalles-. El alcalde se me acercó después y me dijo que recogía el reto que le había lanzado desde el atril sugiriendo que se instalara un pequeño monumento o lápida en algún lugar del pueblo, para que el recuerdo de aquella época no se perdiera. La verdad es que hasta ahora no se ha hecho nada, pero es que los presupuestos son los presupuestos.

Recuerdo cuando bajaba en la comitiva desde el ayuntamiento a la plaza de “El caballón” del brazo de una guapísima maja -cómo me gusta lo de maja- que me preguntó qué tal bailaba el vals, porque después los concejales y el pregonero tenían que iniciar el baile. Creo que le contesté que prefería la salsa, pero que haría lo que pudiera. Los nervios y la excitación provocan chistes fáciles.

Cuento todo esto porque, aunque haya pasado ya tanto tiempo, mantengo un recuerdo inolvidable de aquel día, en el que me sentí muy orgulloso al contemplar que se había contado conmigo para un evento anual que tiene más importancia de la que suele dársele. Cuando hablas desde una tarima y tras un atril en la inauguración de las fiestas de algún lugar, estás representando la inteligencia colectiva de los que te oyen.

Ahí queda mi satisfacción y mi agradecimiento a quienes me propusieron.

1 de enero de 2025

Sí, claro que hay lawfare

 

Empezaré confesando que he tenido que buscar en "fuentes generalmente bien informadas" -Internet- el significado de la expresión inglesa lawfare. Parece ser que se trata, si lo he entendido bien, de un juego de palabras entre law (ley) y warfare (relativo a la guerra). Así que, con un poco de imaginación estaríamos hablando de juego sucio en la administración de justicia. Pues bien, como digo en el título, existir, existe, no digo en general, pero sí en determinadas ocasiones.

No pretendo  entrar en casos concretos. Los tengo en la cabeza, pero precisamente como estoy convencido de que no se puede juzgar sin pruebas me los callo. Además, si no quiero adentrarme en detalles es porque no creo que el problema sea de individuos aislados, sino de estructura política. De los colectivos profesionales que sucedieron a los que existían durante la dictadura, estoy convencido de que el de la judicatura ha sido el más inamovible y el más maleable por los intereses políticos.

Se trata de uno de los llamados poderes del Estado, junto al ejecutivo y al legislativo. Pero como el ejecutivo, en sus distintas etapas, contando con el legislativo cuando ha gozado con mayoría suficiente, ha intentado hacer de su capa un sayo con la justicia, nos encontramos en una situación que me parece francamente preocupante desde el punto de vista del correcto funcionamiento democrático de un estado de derecho. Creo que hay que decirlo alto y claro, no para cargar las tintas, que ya bastante cargadas están, sino para tomar conciencia de que se deben corregir los entuertos, por supuesto con los procedimientos que brinda la democracia.

Como todos los días se aprende algo nuevo, he intentado y supongo que conseguido entender qué es una investigación prospectiva. Copio: es aquella que se produce cuando no hay un hecho delictivo claro, por lo que no debería hacerse. Como ejemplo, la fuente que he consultado añade: casos que se conocen a través de los medios de comunicación y que un juez decide investigarlos sin denuncias previas. En esta categoría están aquellos que se inician "para ver si se encuentra algo".

A mí este asunto me recuerda a los procedimientos de la Inquisición. Entonces no había medios de comunicación como ahora los entendemos, pero sí mentideros en las villas. Los inquisidores aceptaban sin mayor consideración las difamaciones del populacho y así le fue durante aquel triste periodo de la humanidad a los países que tuvieron que soportar las hogueras, entre otros mi querida España como cantaba Cecilia.

No voy a negar que haya corrupción en la clase política, porque desgraciadamente la tendencia al robo, al enriquecimiento ilícito y la propensión al pelotazo está en el ADN del ser humano y, lamento decirlo, nunca desaparecerán. Los presuntos corruptos a los tribunales cuando existan pruebas suficientes y, si se demuestra fehacientemente su culpabilidad, que paguen sus delitos. Pero meter al adversario político de la mano de ciertos jueces en acusaciones no demostradas sólo para debilitarlo, es propio de la Inquisición y hay que acabar con ello.

Ya está bien de andarse con rodeos en un asunto tan preocupante.